EL AMANTE PERFECTO (cuento completo y versión bilingüe)
2004
La joven contemplaba coqueta su cuerpo desnudo en el espejo. Era preciosa. Aunque ya había cumplido los dieciocho, las formas de mujer apenas se le insinuaban. Miró, arrebolada por la excitación, el reflejo que el espejo le devolvía. La magnífica cabellera morena, el óvalo de su cara aniñada, la boca regordeta y sensual, los pequeños senos, frescos como mandarinas, la sombra liviana del pubis sobre dos piernas perfectas y, sobre todo, aquel culito de ensueño, que sabía representaba la parte más codiciada de sus carnes adolescentes. Todos decían que era un bombón.
El hombre yacía desnudo en la cama, un maduro atractivo y vigoroso. La chica se sentía excitadísima. Era su tipo: el pecho amplio y velludo, los miembros fuertes, forjados en duros trabajos antes de su vida universitaria, no producto de esteroides ni gimnasios, la incipiente calvicie, la recortada perilla, los rasgos severos. Tan fuerte, tan viril, con aquel pene grande y duro; y le amaba.
Ella se sentía muy feliz, aunque bastante nerviosa, ante aquella primera experiencia. El le daba confianza, se lo haría tranquilamente, los músculos relajados, la respiración leve. Con él todo era fácil, se dejaba hacer como a ella le gustaba. Amaba su docilidad especial, aquella mansedumbre arrebatada. Un amante perfecto. Olía a hombre, a macho.
Su mujer se había marchado por unos días, estaba lejos, en un congreso en el extranjero. Ahora él era suyo, solamente suyo, y cuando ella regresase, buscaría los encuentros seguros. Sabía que tenía todas las ventajas y que, con el tiempo, él se quedaría a su lado, cuando la otra se fuese.
Fue maravilloso, tan fácil, tan seguro. Hizo a su antojo y él siempre estuvo dispuesto, ninguna protesta, ningún intento de dominación. Todo fue suave y hermoso, cálido y gozoso, porque él, su hombre, era el amante perfecto.
Ella se levantó dos horas antes que él, despuntaba el día, y se fue a la cocina. Metió en el bolso el frasco de hipnóticos que había dejado el día anterior entre las especias, más por el ansia que por descuido. Preparó un magnífico desayuno, sintiéndose feliz en el ambiente sellado de la cocina, viendo la escarcha prendida de los árboles en el algor exterior de la naturaleza que despertaba, experimentando a la vez aquella sublime sensación de seguridad y plenitud, de saberse sola, en su casa y con su hombre. Preparó tostadas y café, zumo de naranja, había también mantequilla y mermelada de distintas variedades, y después fiambre de primera calidad por si después del dulce apetecía un poco de salado. Al él le gustaba ese contraste. Se le aceleró el corazón al oír sus pasos en el baño y al acercarse.
-He dormido de un tirón, hacía años que no dormía así –dijo el hombre sonriendo, apoyado en el vano de la puerta.
Después miró el magnífico desayuno y la sonrisa radiante de la muchacha. Pensó que era una chica muy bonita y muy buena. Se acercó y le dio un beso en la mejilla.
-Te quiero, hija –dijo y se sentó.
...
L'amant perfecte
L'home jeia nu al llit, un madur atractiu i vigorós. La noia se sentia excitadíssima. Era el seu tipus: el pit ampli i pelut, els membres forts, forjats en durs treballs abans de la seva vida universitària, no producte d'esteroides ni gimnasos, la incipient calvície, la retallada perilla, els trets severs. Tan forta, tan viril, amb aquell penis gran i dur, i l'estimava. Ella es sentia molt feliç, encara que bastant nerviosa, davant d'aquella primera experiència. Ell li donava confiança, li ho faria tranquil·lament, els músculs relaxats, la respiració lleu. Amb ell tot era fàcil, es deixava fer com a ella li agradava. Estimava la seva docilitat especial, aquella mansuetud arrabassada. Un amant perfecte. Feia olor a home, a mascle.
La seua dona havia marxat per uns dies, estava lluny, en un congrés a l'estranger. Ara ell era seu, només seu, i quan ella tornés, buscaria les trobades assegurances. Sabia que tenia tots els avantatges i que, amb el temps, ell es quedaria al seu costat, quan l'altra es fos.
Va ser meravellós, tan fàcil, tan segur. Va fer al seu gust i ell sempre va estar disposat, cap protesta, cap intent de dominació. Tot va esser suau i bell, càlid i joiós, perquè ell, el seu home, era l'amant perfecte.
Ella es va aixecar dues hores abans que ell, despuntava el dia, i se'n va anar a la cuina. Va ficar a la bossa el flascó d'hipnòtics que havia deixat el dia anterior entre les espècies, més per l'ànsia que per distracció. Preparar un magnífic esmorzar, sentint-se feliç en l'ambient segellat de la cuina, veient el gebre presa dels arbres al algor exterior de la natura que despertava, experimentant alhora aquella sublim sensació de seguretat i plenitud, de saber-se sola, en sa casa i amb el seu home. Preparar torrades i cafè, suc de taronja, hi havia també mantega i melmelada de diferents varietats, i després embotit de primera qualitat per si després del dolç venia de gust una mica de salat. A ell li agradava aquest contrast. Se li va accelerar el cor en sentir els seus passos al bany i al acostar-se.
-He dormit d'una tirada, feia anys que no dormia així -va dir l'home somrient, recolzat en l'obertura de la porta. Després va mirar el magnífic esmorzar i el somriure radiant de la noia. Va pensar que era una noia molt maca i molt bona. Es va acostar i li va donar un petó a la galta.
Etiquetas: breves, Salvador Alario Bataller

