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Un,dos,tres... CUENTOS

Cuentos y textos diversos de Egosum y otros WEBS PROFESIONALES: http://clinica-psicomedica.iespana.es http://alario1.blogspot.com http://nohaymentesincerebro.blogspot.com

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Nombre: Salvador Alario Bataller
Lugar: Valencia, Valencia, Spain

Un cordial saludo: Aunque tengo inéditas bastantes novelas y cuentos, lo que sigue representa lo que he publicado hasta la fecha (en Grafein y promolibro ), además de "La conciencia de la bestia" (finalista del Premio Planeta en 1997 y autoeditada, como las demás obras en lulu).

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martes, noviembre 17, 2009

EL AMANTE PERFECTO (cuento completo y versión bilingüe)

El amante perfecto
2004

La joven contemplaba coqueta su cuerpo desnudo en el espejo. Era preciosa. Aunque ya había cumplido los dieciocho, las formas de mujer apenas se le insinuaban. Miró, arrebolada por la excitación, el reflejo que el espejo le devolvía. La magnífica cabellera morena, el óvalo de su cara aniñada, la boca regordeta y sensual, los pequeños senos, frescos como mandarinas, la sombra liviana del pubis sobre dos piernas perfectas y, sobre todo, aquel culito de ensueño, que sabía representaba la parte más codiciada de sus carnes adolescentes. Todos decían que era un bombón.
El hombre yacía desnudo en la cama, un maduro atractivo y vigoroso. La chica se sentía excitadísima. Era su tipo: el pecho amplio y velludo, los miembros fuertes, forjados en duros trabajos antes de su vida universitaria, no producto de esteroides ni gimnasios, la incipiente calvicie, la recortada perilla, los rasgos severos. Tan fuerte, tan viril, con aquel pene grande y duro; y le amaba.
Ella se sentía muy feliz, aunque bastante nerviosa, ante aquella primera experiencia. El le daba confianza, se lo haría tranquilamente, los músculos relajados, la respiración leve. Con él todo era fácil, se dejaba hacer como a ella le gustaba. Amaba su docilidad especial, aquella mansedumbre arrebatada. Un amante perfecto. Olía a hombre, a macho.
Su mujer se había marchado por unos días, estaba lejos, en un congreso en el extranjero. Ahora él era suyo, solamente suyo, y cuando ella regresase, buscaría los encuentros seguros. Sabía que tenía todas las ventajas y que, con el tiempo, él se quedaría a su lado, cuando la otra se fuese.
Fue maravilloso, tan fácil, tan seguro. Hizo a su antojo y él siempre estuvo dispuesto, ninguna protesta, ningún intento de dominación. Todo fue suave y hermoso, cálido y gozoso, porque él, su hombre, era el amante perfecto.
Ella se levantó dos horas antes que él, despuntaba el día, y se fue a la cocina. Metió en el bolso el frasco de hipnóticos que había dejado el día anterior entre las especias, más por el ansia que por descuido. Preparó un magnífico desayuno, sintiéndose feliz en el ambiente sellado de la cocina, viendo la escarcha prendida de los árboles en el algor exterior de la naturaleza que despertaba, experimentando a la vez aquella sublime sensación de seguridad y plenitud, de saberse sola, en su casa y con su hombre. Preparó tostadas y café, zumo de naranja, había también mantequilla y mermelada de distintas variedades, y después fiambre de primera calidad por si después del dulce apetecía un poco de salado. Al él le gustaba ese contraste. Se le aceleró el corazón al oír sus pasos en el baño y al acercarse.
-He dormido de un tirón, hacía años que no dormía así –dijo el hombre sonriendo, apoyado en el vano de la puerta.
Después miró el magnífico desayuno y la sonrisa radiante de la muchacha. Pensó que era una chica muy bonita y muy buena. Se acercó y le dio un beso en la mejilla.
-Te quiero, hija –dijo y se sentó.

...

L'amant perfecte
2004
La noia contemplava coqueta el seu cos nu al mirall. Era preciosa. Encara que ja havia complert els divuit, les formes de dona amb prou feines se li insinuaven. Mirí, vermella per l'excitació, el reflex que el mirall li tornava. La magnífica cabellera morena, l'oval de la cara acriaturada, la boca grassoneta i sensual, els petits pits, frescos com mandarines, l'ombra lleugera del pubis sobre dues cames perfectes i, sobretot, aquell culet de somni, que sabia representava la part més cobejada de les seves carns adolescents. Tots deien que era un bombó.
L'home jeia nu al llit, un madur atractiu i vigorós. La noia se sentia excitadíssima. Era el seu tipus: el pit ampli i pelut, els membres forts, forjats en durs treballs abans de la seva vida universitària, no producte d'esteroides ni gimnasos, la incipient calvície, la retallada perilla, els trets severs. Tan forta, tan viril, amb aquell penis gran i dur, i l'estimava. Ella es sentia molt feliç, encara que bastant nerviosa, davant d'aquella primera experiència. Ell li donava confiança, li ho faria tranquil·lament, els músculs relaxats, la respiració lleu. Amb ell tot era fàcil, es deixava fer com a ella li agradava. Estimava la seva docilitat especial, aquella mansuetud arrabassada. Un amant perfecte. Feia olor a home, a mascle.
La seua dona havia marxat per uns dies, estava lluny, en un congrés a l'estranger. Ara ell era seu, només seu, i quan ella tornés, buscaria les trobades assegurances. Sabia que tenia tots els avantatges i que, amb el temps, ell es quedaria al seu costat, quan l'altra es fos.
Va ser meravellós, tan fàcil, tan segur. Va fer al seu gust i ell sempre va estar disposat, cap protesta, cap intent de dominació. Tot va esser suau i bell, càlid i joiós, perquè ell, el seu home, era l'amant perfecte.
Ella es va aixecar dues hores abans que ell, despuntava el dia, i se'n va anar a la cuina. Va ficar a la bossa el flascó d'hipnòtics que havia deixat el dia anterior entre les espècies, més per l'ànsia que per distracció. Preparar un magnífic esmorzar, sentint-se feliç en l'ambient segellat de la cuina, veient el gebre presa dels arbres al algor exterior de la natura que despertava, experimentant alhora aquella sublim sensació de seguretat i plenitud, de saber-se sola, en sa casa i amb el seu home. Preparar torrades i cafè, suc de taronja, hi havia també mantega i melmelada de diferents varietats, i després embotit de primera qualitat per si després del dolç venia de gust una mica de salat. A ell li agradava aquest contrast. Se li va accelerar el cor en sentir els seus passos al bany i al acostar-se.
-He dormit d'una tirada, feia anys que no dormia així -va dir l'home somrient, recolzat en l'obertura de la porta. Després va mirar el magnífic esmorzar i el somriure radiant de la noia. Va pensar que era una noia molt maca i molt bona. Es va acostar i li va donar un petó a la galta.
-T'estimo, filla -va dir i es va asseure.
Fuente: El amante perfecto y otros cuentos por inferencia
de Salvador Alario Bataller

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lunes, noviembre 09, 2009

ESPEJOS, cuento perteneciente a EL AMANTE PERFECTO

Espejos
2007


Entré en el bar y pedí ensaladilla rusa y un doble de cerveza. Eran las nueve y cuarto. Había algunas parejas cenando, gente de edad mediana o avanzada. Los más jóvenes estarían reunidos ante un televisor viendo los mundiales; por eso las calles se veían vacías, como hornos irremediables pese a la noche, a causa de aquel calor pegajoso e insufrible. Cada vez el clima estaba más insoportable, el cambio climático hacia la desertización se acusaba año a año. En poco tiempo el levante pasaría a ser una tierra de ratas y alacranes. Pero allí dentro se estaba bien con el frescor del aire acondicionado.
El lugar era grande, bien iluminado y bastante lujoso.
No tenía hambre, mi cena se reduciría a la tapa y a la cerveza. Siempre me sucedía lo mismo antes del trabajo, se me cerraba el estómago, me sentía paradójicamente vigoroso, como si me sobrasen las fuerzas y los redaños para acometer la faena. Decidí esperar un poco más e irme. Fumaría un pitillo mientras tanto. Tenía que hacer tiempo, no deseaba mantener ninguna conversación con él, tener que mirarle a la cara antes de matarle. Prefería entrar y acabar rápido.
A las diez salí a la calle. Conocía perfectamente sus costumbres, habíamos compartido piso durante los últimos siete años, y también recuerdos y experiencias, penas y odios. Podía afirmar, con poco margen de error, que era lo más parecido a un amigo con que me había tropezado en toda mi vida, tal vez un hermano mayor e incluso un padre. Todos estos sentimientos me los fue inspirando poco a poco, a través de nuestra relación profesional, aunque nuestro trabajo ponía un límite para ciertas cosas, una frontera que uno no debía rebasar. Lo único importante era el trabajo en sí y, claro, el dinero.
Seguramente habría cenado en un chino, y ahora estaría ante el televisor viendo el partido del mundial de Alemania. Jugaban el anfitrión e Italia y, como supe después, pese a mis previsiones acabaron ganando los latinos. Yo también lo era, pero me disgustó su victoria, porque siempre había sido un germanófilo convencido. De todas formas los mundiales constituían un gran espectáculo, un evento que me agradaba. Me lo imaginé ante el aparato de televisión, fumando incontables pitillos y bebiendo cerveza.
Me crucé en la calle con una chica muy atractiva, que caminaba con mecimiento de puta redomada. Me volví para mirarla. Me vinieron a la cabeza mil imágenes, una mezcla de sexo y violencia, la única manera con que llegué a relacionarme con las mujeres. La causa era el trabajo, siempre el trabajo, lo más importante.
Mientras me acercaba a la finca, tuve una sensación extraña, la certidumbre de que un ciclo se acababa y comenzaba otro, con lo cual mi vida cambiaría inevitablemente. Fue la misma sensación que tuve hace años cuando comencé a trabajar con Escurra, el jefe supremo. Resultaba evidente donde me había metido y no había vuelta atrás. Entonces era casi un niño, dieciocho años recién cumplidos. De la mano de Carlos me inicié en el trabajo. Recuerdo que me afeité con esmero, mientras él, perfectamente trajeado, me observaba mientras lo hacía. Podría afirmar que su mirada era amable, casi dulce, pese a ser un tipo grande y bronco, al que todos respetaban y temían. Creo que me tuvo simpatía desde un principio. Me había dejado perilla para endurecer mi cara y el rostro de muchacho agrio que el espejo me devolvió me dio confianza, aunque habrían de ser los actos los que irían maliciando con los años cada uno de mis rasgos. Después, como el maestro que evalúa al discípulo, el me siguió observando de cerca, sin intervenir, como una juez frío y distante, cuando le pegaba aquella paliza soberana a un viejo que casi tenía un pie en la tumba. El motivo era una deuda impagada, una suma ridícula vista objetivamente, pero el jefe, pese a su inconmensurable fortuna y poder, no podía dejar el menor asunto pendiente, aunque se tratase de cien pesetas. Después, claro, vinieron asuntos mayores, de más envergadura, desde el escarmiento al asesinado, pasando por la coacción y la tortura, pero todo lo hice eficientemente. Era mi trabajo, lo único que tenía en la puta vida y con él me fui desprendiendo de tripas, dudas, remordimientos y demás maricadas voladas.
-Esto es como una rueda que no para, al final da igual ocho que ochenta –me dijo Carlos un día-, acabas perdiendo el alma.
Yo no nací malo, eso es de cajón. Tampoco tuve una infancia traumática, ni una juventud especialmente desgraciada. Simplemente era un vago y me gustaba demasiado el dinero y lo que proporcionaba. Comencé jugando a las cartas, haciendo pequeños robos, extorsionando a los débiles y a los viejos del barrio, pero nunca pensé que acabaría en esto. Incluso soy un tío leído y más de una vez he coqueteado con la idea de cursar estudios universitarios, cosa que tal vez haga algún día, pero no soy como los otros, nunca me han importado las demás personas como debieran haberlo hecho. Tampoco soy ningún psicópata ni nada por el estilo, simplemente realizo un trabajo sucio en el contexto de una organización determinada. No es la misma cosa. Se trata de un trabajo y nada más. Llegados aquí diré que mi nombre es Juan Monarca y obviamente soy un asesino.
Lo más fuerte, no obstante, fue cuando tuvimos que eliminar a la familia de Galera, el competidor en el narcotráfico; lo quemamos vivo junto a su mujer y sus tres niños pequeños, un escarmiento brutal, un aviso letal para quienes quisieran enfrentarse a Escurra. Tras aquel acto atroz, apenas tuve una punzada de dolor, una inane conmoción interna que se asemejase a la culpa. Recuerdo que aquella noche, mientras me aseaba en el lavabo antes de desvanecerme en un sueño habitualmente tranquilo, pude ver, por un momento, que mis rasgos parecían desdibujarse en el cristal, que el reflejo vacilaba y se volvía más tenue por instantes.
Muchas cosas habían pasado desde entonces. Ahora tenía que hacer. Abrí el portón principal y me metí en la finca. Pulsé el botón del ascensor. Estaba en el quinto, se había quedado allí cuando Carlos subió a casa, ya que nadie más vivía en la planta. Esta tarde me llamó Escurra y, con un tono de voz que no admitía apelación, me dijo lo que tenía que hacer. No sabía el motivo, solamente tenía que cumplir la orden, sin tener en cuenta cuestiones personales o simpatías, y allí estaba, resuelto y sin miedo.
Entré en el piso y me encaminé al salón. Estaba sentado en el sofá, de espaldas a mí, viendo el fútbol. Llevaba una camiseta sport, que dejaba ver que todavía, pese a sus cincuenta años, era un tipo bragado. Se movió y me lanzó una mirada de inteligencia por encima del hombro.
-Hola, hijo –dijo y volvió la vista al televisor.
Disparé. El tiro le atravesó limpiamente el cráneo de parte a parte e hizo añicos el aparato, que se desmoronó con un estrépito de chispas y humo. Apenas se había movido, tenía la barbilla caída sobre el pecho, pero la materia encefálica se desparramaba por el agujero como gelatina. El jefe lo ordenó y yo lo hice, como debía.
Salí y ya en la casa de Escurra, éste me recibió con una dilatada sonrisa bajo sus ojos zainos. Me pidió que cenase con él.
Llegué a mi apartamento y me acosté. Estaba cansado, pero tranquilo y nada me preocupaba, ni el hecho de que, cinco minutos antes, cuando me cepillé los dientes en el aseo, no se reflejara mi imagen en el azogue.
















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EL AMANTE PERFECTO Y OTROS CUENTOS...

LA RIQUEZA DE LOS ESPAÑOLES

Un Español le envió a un amigo, que se fue a vivir a EE.UU., un email con esta pregunta:
¿Por qué somos tan pobres los españoles, comparados con los americanos?
Ésta fue su respuesta desde EE.UU.:Hola amigo mío, cómo se nota que los árboles no te dejan ver el bosque...¿Cómo puedes llamarte pobre, cuando...? - Eres capaz de pagar por un litro de gasolina más del triple de lo que pago yo.- Te das el lujo de pagar tarifas de electricidad, de teléfono y móvil un 80% más caras de lo que me cuestan a mí.- Pagas comisiones por servicios bancarios y tarjetas de crédito, el triple de lo que aquí nos cuestan.- Por un auto que a mí me cuesta 2.000 dólares, tú puedes pagar el equivalente a 20.000 dólares.¿Por qué eres pobre? ¡Tú sí puedes darte el gusto de regalarle 18.000 dólares al gobierno y nosotros no!¡NO TE ENTIENDO!Nosotros, los habitantes de Florida, somos pobres. Por eso el gobierno estatal, teniendo en cuenta nuestra precaria situación financiera, nos cobra sólo el 2% de IVA (mas otro 4% que es federal; total = 6%) Y no el 16% como pagan ustedes los ricos que viven en España.Además, son ustedes los que tienen "impuestos de lujo" como son los impuestos por gasolina y gas, por alcohol, tabaco, etc. que alcanza hasta el 320% del valor original.Y otros IMPUESTOS como: Impuesto sobre la renta (sobre el sueldo)Impuesto sobre los automóviles nuevoImpuesto a los bienes personalesImpuesto a los bienes de las empresas Impuesto por uso del automóvil (de circulación)Y dichoso que todavía os dais el lujo de pagar un 16% de IVA por estos impuestos. Además de todos los trámites y pagos nacionales y municipales (TASAS).Porque si ustedes no fueran ricos, ¿qué sentido tendría tener:Impuestos nacionales, Impuestos autonómicos y también Impuestos locales, de ese calibre?¿POBRES? ¿De dónde?Un país que es capaz de cobrar el IMPUESTO A LAS GANANCIAS Y A LOS BIENES PERSONALES por adelantado (mediante retenciones) como España, necesariamente tiene que nadar en la abundancia, porque considera que los negocios de la Nación y de todos sus habitantes siempre tendrán ganancias a pesar de: Saqueos, asaltos, mordidas, terremotos, sequías, inviernos con desastres, inundaciones, corrupción, saqueo fiscal... Y por supuesto que con todo esto, todos los que trabajan en ese pais, deben ganar MUCHISIMO.Los pobres somos nosotros, los que vivimos en USA y que NO pagamos Impuesto sobre la Renta si ganamos menos de 3.000 dólares al mes por persona (más o menos 2.000 €). Vds. tienen además: IMPUESTO A LOS BIENES INMUEBLES (I.B.I.) Impuestos de basuras,Impuestos sobre el consumo de agua, gas y electricidad.Y allí pagan seguridad privada en bancos, urbanizaciones, etc. Mientras que nosotros nos conformamos con la pública. Allí hasta envían a los hijos a colegios privados, y mire si seremos pobres aquí en EE.UU., que las escuelas públicas nos prestan los libros de estudio, viendo que no tenemos dinero para comprarlos.A veces me asombra la riqueza de los españoles que piden un préstamo cualquiera, y son capaces de pagar el 8% mensual de intereses, como mínimo.No como aquí, que apenas llegamos al 8% anual (generalmente 7.8%), justamente porque NO estamos en condiciones de pagar más.Supongo que, como todo rico, tiene un auto, y están pagando un 8% ó 10% anual de seguro; si te sirve de información, yo pago sólo 245 dólares por año. Y como les sobra el dinero, ustedes sí pueden efectuar pagos anuales en concepto de eso que ustedes llaman IMPUESTO DE CIRCULACION, (a parte de la ITV, zona verde, zona azul, aparcacoches forzosos, etc...) mientras que acá nosotros no podemos darnos esos lujos y pagamos 15 dólares anuales por el STICKER sin importar qué modelo de auto conduzcas; pero claro, eso que ustedes pagan, es para gente de recursos.¡¡¡ ESO ES SER RICO!!!Ser rico es tener : - 86.000 concejales- 9.000 alcaldes- 17 presidentes de autonomías- 1.600 parlamentarios autonómicos- 350 diputados en Cortes- 300 senadores- 200 parlamentarios en Estrasburgo- Una Casa Real- 20 ministros y todos sus adláteres; y paradójicamente a menor rango, mayor sueldo. Hay Alcaldes que ganan mas que el Presidente del Gobierno; todo esto para un país tan pequeño como el tuyo.¡¡¡ ESO ES SER RICO!!!Vamos, se quedaron todos en ESPAÑA porque son RICOS. Somos los pobres como yo, los que nos vinimos a probar suerte a otros lados.Bueno, te mando un abrazo y luego me cuentas cómo les va con el nuevo presupuesto, lo que sí es seguro es que les aumentarán más los impuestos. Pero no se preocupen, que la inflación se los va a diluir.Pero bueno eso es lo de menos, cuando se tiene el dinero para pagarlos. Y tengan por seguro que en el próximo discurso le van a dar un tremendo aplauso a su Presidente.Además eso es lo que hay que pagar por vivir en la 8ª Potencia Mundial, el mejor lugar del mundo y tercero donde la gente se siente más feliz del planeta.Un saludo:Tu pobre amigo, el inmigrante que se fue a EE.UU.
P.D.:SI NO LO REENVIAS NO TE PASARÁ ABSOLUTAMENTE NADA. PERO SI DECIDES HACERLO, POSIBLEMENTE OTROS SE INDIGNEN IGUAL QUE TÚ, Y TUS GOBERNANTES RECIBIRAN MÁS Y MÁS SALUDOS PARA SU PROGENITORA. AL MENOS ASÍ NOS UNIMOS EN ALGO Y QUIÉN SABE, QUIZÁ ALGUN DÍA PODAMOS CAMBIAR LAS COSAS EN NUESTRO HERMOSO PAÍS.

lunes, noviembre 02, 2009

UN CUENTO MÍO DE LA NUEVA ANTOLOGIA...


La tierra


Para Slawomir Mrozek

Nuestra raíz está en la tierra, sin ella nada existiría. No existiría el bosque, ni los animales, ni nosotros, que somos peores que ellos. Eso me decía mi padre, que era un hombre sencillo y honesto, un hombre que nunca había causado mal a nadie.
Mi familia se trataba poco con la gente, no solo porque nuestra casa estuviera apartada, sino porque simplemente no teníamos la necesidad. Nos bastábamos teniéndonos los unos a los otros. Cuando hay demasiada gente alrededor, el mundo se vuelve malo.
En alguna ocasión, cuando era más joven, fui con mis primos a una de esas casas donde los hombres se desahogan, pero vi algo tan triste en eso que ya no volví más. Años después, mis tíos se fueron al norte y no los volvimos a ver.
Junto a mi casa, hasta besar el linde del bosque, crece un prado. Más allá de los árboles está la autopista, siempre con coches que pasan raudo, yendo a sitios que probablemente yo aborrecería. El bosque era inmenso, el silencio rotundo, la tierra fecunda, y en todo ello estaba la verdad de las cosas, lo que era bueno.
Hará unos cinco año una cervatilla apareció en el prado, seguramente su madre habría muerto. La crié junto a mi perrita, y ambos crecieron como si fueran hermanos, hasta el día en que la cierva se hizo grande y el afán de procrear la llevó a internarse en el bosque. Para gran alegría de todos, meses después volvió a aparecer con una cría hermosísima. La perra fue la que más se alegró por lo alborozada que se la veía. A partir de ese día la cierva y su vástago, cada vez más grande, venían al prado con regularidad y su presencia representaba un regocijo para seres tan solitarios como mi padre, yo y la perrita. Mi madre había muerto el invierno anterior.
No tardó mucho tiempo para que vinieran hombres de afuera y comenzaran a talar el bosque, y fueron levantándose, densas como setas venenosas, urbanizaciones grises y feas. El aire se llenó de malos olores y ruidos extraños. Mi padre y yo contemplábamos el desastre con lágrimas en los ojos. La tierra, el bosque, la vida, es lo más precioso del mundo, decía mi padre, quien mata a la tierra me mata a mí.
Una tarde un coche aparcó ante nuestra casa y de él bajaron dos hombres con traje. Hablaron un rato con mi padre y después se fueron. Mi padre estuvo todo el día taciturno, pero no me dijo nada. Sin embargo, no había necesidad. Yo también estaba triste.
Poco después vinieron más hombres con un cheque y una orden de expropiación. Debíamos abandonar las tierras en tres meses, pero mi padre murió antes, como la perra. Así que me quedé solo, mirando el prado y el bosque, que ya no era más que matojos dispersos entre una cascada pestilente de asfalto y vidrio.
Un día llegaron dos máquinas excavadoras. Yo me encontraba en el prado con la cierva y cuando oyó el ruido se perdió veloz en la foresta. Sabía que ya no la volvería a ver. Entonces entré en la casa y salí con la repetidora. Cuando el primer hombre se acercó le descargué un tiro en la cara y el tipo se desplomó como un fardo. Los otros gritaban y me amenazaban con el puño. A otro también le pegué un tiro, pero los dos que quedaban escaparon corriendo como si hubieran visto al diablo.
Me encerraron y me llevaron a juicio. Le expliqué al tribunal que había acertado a los dos tipos porque era bastante buen tirador, pero si hubiese disparado mi padre ninguno hubiese salido vivo de nuestras tierras. Pedí una escopeta mejor y munición de más calibre para acabar con los maleantes que mataban a los animales, destruían el bosque y envenenaban la tierra. El juez se puso rojo y le vi sudar copiosamente. Dijo cosas que no entendí. Yo esperaba que, de un momento a otro, alguien me felicitase (una condecoración sería pedir demasiado) y que me regalasen un buen arma y mucha munición. Así se lo dije al señor juez y él entonces se puso tan pálido que parecía enfermo. Tenía que ir a mi casa, le dije, y defender la tierra.

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jueves, octubre 29, 2009

RELATOS BONSÁI

Ahí van unos relatos cortos míos que aparecieron en la Antología de microrrelato y relato corto, 2008, Madrid, Lord Byron Ediciones.
EL autómata

La recatada señora de Pérez, asidua lectora de la Argonáutica de Apolonio de Tiana, nunca dejó de impresionarse ante la figura del autómata Talos, gigante de bronce, fabricado por Vulcano, que defendía la isla de Creta. Desvanecida en un arreblo, suspiraba imaginándoselo todo, tan grande.
Así que, cuando su marido murió, mandó construir un autómata de tamaño natural, emulando al mitológico griego, y dormía con él. No en todas partes respetó las proporciones.

La gélida sangre del marfil

En los albores de la cristiandad, el dócil Caledonto, discípulo de San Columbano, gran santo de la verde Erín y maestro del sabio Eugnostos (al cual debemos, entre otras maravillas, De vita et misteriis Unicornis), se debatía en su fe entre el nuevo dogma y la antigua magia, que había aprendido de su otro gran maestro el druida Werdemin, quien, viendo la zozobra del buen discípulo, le propuso buscar al fabuloso unicornio en la lejana Ossibinia, hallazgo que, decía, le reafirmaría, de modo irrefutable, en los misterios arcanos, devolviendo, a la par, la paz de su espíritu. Delicado, pero henchido por el fuego de la aventura, hermoso como un querubín, Caledonto inició con entusiasmo el largo viaje y, con grandes aventuras y peligros, atravesó la tierra de los tártaros, los búlgaros y los demonios, y al final llegó a los hielos de la hiperbórea, donde el gran Gunnar-Larfussson, rey de los vikingos, le cuidó como un hijo y le advirtió de los peligros y cosas innombrables que acechaban en los lugares más allá de la niebla, lo cual no disuadió a nuestro joven aventurero.Tras largas peripecias llegó a las tierras de los orgullosos asinarios, magníficos jinetes, que sometían a los extranjeros por el modo de las felatrices. Con ello estuvo seis meses y, salvo los reiterados actos de sumisión, el trato no fue malo. Libre al fin, arribó al reino de los Aledones, de armaduras del color d e la luna, que lo sometieron, según su costumbre, a modus puerile, conviviendo con ellos dos largos años, haciéndose valer como sabio y augur, comprobando, a su vez, que en el modo de sumisión de la famosa infantería, el hábito sí podía hacer al monje.Por último llegó a las tierras del rey negro Burrumbunga, un gigante capaz de matar a un toro de un puñetazo, cuyo ejército sojuzgaba a los pueblos vecinos. Embelesado por sus perfectas piernas blancas (poco vistas y muy apreciadas en esas latitudes), le hizo asiduo del tálamo real, y tras diez años consintió en dejarle partir, con el corazón destrozado y lágrimas abrasadoras en los ojos.Una cosa hay cierta: tras su largo peregrinaje, el buen Caledonto ni llegó a Ossibinia ni halló al unicornio, con cuyo cuerno de plata tanto había soñado verlo lucir en su altar esotérico, pero la vida le recompensó con noches deliciosas en las que el coloso Burrumbunga aparecía con lo suyo, llenando sus sueños de placeres inenarrables.

Hacedores

En un castillo umbrío un viejo sabio creó un humanoide que en vez de manos tenía tijeras y lo llamó Eduardo Manos-tijeras. Era un ser melancólico y, pese a ello, consiguió congeniar, durante un tiempo, con la gente del pueblo vecino del valle e incluso enamorarse. Pero nunca se adaptó a las costumbres humanas y numerosos accidentes desafortunados causados por su filosa anatomía le propiciaron el rechazo de todos, incluso de la hermosa joven que amaba. Por dicha razón sigue penando solo en el desolado castillo, que heredó tras la muerte de su padre humano.

Por el mismo tiempo, en una fortaleza recóndita, otro sabio creó no un humanoide, sino un mutante, un ser muy parecido al hombre (demasiado hombre), salvo en una condición. En sus manos, en vez de diez dedos, tenía diez pollas, de distinto tamaño, pero todas ellas vigorosas y de cabezas relucientes y por cuya razón fue llamado Eduardo Manos-penes. Nunca estuvo solo, cautivando a muchas mujeres de la comarca e incluso del país (y a la misma Reina, cosa que no se dice) y poseyó un gineceo que fue envidiado por el mismo Gran Turco.

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lunes, octubre 26, 2009

LA MONTAÑA

sábado, octubre 17, 2009

NUEVA POESÍA Y NARRATIVA HISPANOAMERICANA DEL SIGLO XXI

Ahí podrán encontrar algunos cuentos míos.

jueves, octubre 15, 2009

RED MUNDIALDE ESCRITORES (REMES)

Contra el plagio y otras lacras literarias.