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Un,dos,tres... CUENTOS

Cuentos y textos diversos de Egosum y otros WEBS PROFESIONALES: http://clinica-psicomedica.iespana.es http://alario1.blogspot.com http://nohaymentesincerebro.blogspot.com

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Nombre: Salvador Alario Bataller
Lugar: Valencia, Valencia, Spain

Un cordial saludo: Aunque tengo inéditas bastantes novelas y cuentos, lo que sigue representa lo que he publicado hasta la fecha (en Grafein y promolibro ), además de "La conciencia de la bestia" (finalista del Premio Planeta en 1997 y autoeditada, como las demás obras en lulu).

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miércoles, noviembre 30, 2005

SALVADOR ALARIO BATALLER: LA CIUDAD DESVANECIDA

LA CIUDAD DESVANECIDA
de ASI ESCRIBO MI CIUDAD (2001)
Colección Escritura Creativa
Grafein Ediciones (Barcelona)


A la memoria de Arthur Machen

*

Mi ciudad es tierra, cielo, quizá el mar y
atardeceres. Siempre un efecto de luz y
memoria. Tus manos y un pequeño dibujo
que me acompaña y me sostiene en el
inevitable duelo de las despedidas. Los libros,
las palabras, la dificultad de la escritura, el
destierro fértil, el placer desinteresado, los
amigos y tantas citas solitarias. Ninguna calle
y todas las esquinas. Ningún lugar y la noche
de océanos sugeridos. La rutina y sus secretos.
Un pájaro ciego, un triángulo de rumores,
ejercicios de hastío y las palmeras. Mi ciudad
es tu mirada y la constancia presentida que se
hurta a los múltiples requerimientos de la ira.
Pero también es mi infierno y mi desdicha, el
horror y la tormenta, un bosque sellado que
se convierte, poco a poco, en una trampa de
silencios : el cuerpo, la duda y la distancia.

Vicente Ponce, “Hielo en los alrededores de la palabra”,
en
Instrucciones para mirar el silencio.

*

Este hombre que llegó a la capital, dejando atrás un valle digno y una infancia feliz, se llamaba Salvador Amargo de Dios y, entre otras cosas, era escritor. Su más remoto antepasado -por lo menos en lo que a testimonio histórico se refiere- fue Ramón Bataller, que vino desde Francia con Jaime I de Aragón para debelar el dominio del moro de Valencia. El tenía a gala este dato, más bien para su coleto, pues pocas veces habló de ello, inclusive a los íntimos, como tampoco dejó ver la indiferencia que, desde un principio, le provocó la gran ciudad. Este sentimiento, no obstante, se trocó con los años en irritación e inclusive en sentido desdén.
No tuvo hijos y sus antecesores fueron personas sin relumbre, excepto aquel abuelo materno que, por allá los veinte, marchó a tierras cubanas y ganó cierto renombre en el doble y paradojal quehacer de empresario y artista. De él, conservaba una edición de Los Miserables de Victor Hugo en seis volúmenes y autografiado. También un gran retrato de época, de un hombre bello y viril, pero de rasgos bondadosos, ocupaba un lugar destacado en la casa, sobre la vieja estantería estilo regencia, constituyendo, más allá de los comentarios familiares, la única huella que el tiempo dejó de aquél que nunca volvió.
Su padre ajó la vida en la lucha con la tierra y en los condicionantes que imponía el dicterio del antiguo régimen, y su madre, continuando el canon de la costumbre, le siguió como una sombra. Una de las marcas que guardaba indeleble en su memoria, la de Amargo, fue el momento de su muerte cuando, con la avanzada edad, la abatió una hemorragia cerebral masiva ; después vino el coma, por seis días, durante el cual hubieron breves e inanes momentos de conciencia, una pequeña franja de libertad en el ocaso definitivo, donde dolientemente repetir sentimientos, pedir perdón y elevar infructuosas súplicas. El había nacido con una límpida mirada azul, una recompensa del cielo por el otro niño, el que murió al año justo, un ángel le habían dicho, y al que Dios había dado unos ojos sin luz... La tiniebla y el cielo azul.
Fuerzas absurdas e inexorables de la vida hicieron del hijo el mayor don y la desdicha más gravosa, pero en aquellos momentos definitivos todo lo malo parecía irrelevante, desvaído, y se fomentaba la amargura natural del momento : ella se iba con dolor y él se quedaba con lo mismo.
A la pérdida irreparable se unió un nuevo aguijón. Después de unos años, la malquerencia de familiares esquivos hizo que Amargo vendiese la casa y dejase el lugar ; marchó a la ciudad que juzgó de gris y anodina. Este dictamen se modificaría apenas con los años. Vivió en otra casa. Allí no había luz, ni viento, ni un rumor muerto, no había nada, más que el tono monocorde de los días y la tristeza. La apartó de sí poco a poco, llenando las horas de palabras. Después habitó otra casa, en una avenida principal, donde fue más feliz y pudo realizar, en parte al menos, lo que se había propuesto hacer en la vida, como cumplimiento -como él creía- de su destino ineluctable. Sin quererlo iba haciendo carne la tortura y el tiempo byronianos.
En la ciudad vivió cincuenta años. En ella, desde luego, no había nada de aquello de las flores, de la luz y del amor, ni su mera prefiguración. Hubo, como en el poema, alguna cita memorable, despedidas, palmeras, muchos libros y no poca desdicha. Buscó en todo momento un mundo propio en el cual evadirse de los desafueros de la vida común. Ciego a todo ello fueron sus distracciones y sus dichas el alivio de sus enfermos y los libros escritos, leídos y releídos en los momentos profundos vividos en aquella habitación de muebles renegridos, de alta y bien nutrida biblioteca. Fue entonces cuando constató al fin que aquello no formaba parte de la vida, que la trascendía, como tal vez, él mismo. Sin embargo, esta creencia, no le dio consuelo. Año tras año se contentó con la idea de lo que tenía y con la esperanza de regresar algún día a un terreno que había preservado, temiendo que el tiempo le empujase a volver al lugar de sus orígenes.
Se llegó a sentir como Machen y su retazo de vida, huyendo con el pensamiento del monstruo de la gran ciudad y yendo a la espesura del bosque arcano, ese que tiene su lugar en el alma y que prefigura el sueño. La decisión llegó, como todas las cosas de la vida, con el tiempo ; entonces, llegando al final, reconoció, no sin zozobra, que había vivido siempre con un sentimiento espeso en el corazón : la desgana de vivir y el miedo, que surgió de un sentimiento hondo de extrañeza hacia sí mismo y de la futilidad de las cosas, de la ciudad misma, como promesa fementida.
Llegó a la estación cuando todavía faltaba un cuarto de hora para que el autobús saliese ; mató el tiempo tomando un café en el bar. Había poca gente en el local y disfrutó de un pitillo en aquellos momentos quedos, sellados y cálidos, incapaz de arrumbar cierta tristeza, porque aquellos minutos constituían el proscenio del adiós definitivo a la gran urbe que, pese a todo, le había albergado durante varias décadas.
Poco después, los últimos suburbios de Valencia quedaron atrás y el autobús atravesó campos de arroz dorados, prontos para la siega, y arrabales de algún pueblo que él sabía populoso. Debió dormirse durante un tiempo considerable, pues lo despertó el viraje del vehículo al tomar una curva y entrar en el valle. Atardecía y éste se extendía ubérrimo de naranjos hacia el horizonte, contra la herradura anfractuosa de las montañas, dejando a un lado el mediterráneo azur y proceloso. Nada parecía haber cambiado desde que él lo dejó, todo parecía permanecer sin alteración ninguna, en ese ritmo elemental del tiempo que no cambia a la tierra ni a algunos hombres, como también incólume se levantaba la masa venerable del monasterio cisterciense de Santa María de la Valldigna y los torreones devastados del castillo árabe, allá, en el este, en el límite del cielo, sobre su soberbio espolón rocoso.
Bajó en la plaza del pueblo. Estaba allí nuevamente, cincuenta años después, acompañado por el hosco rostro de la vejez, frente a un horizonte amplio de amigos perdidos y familiares muertos. Empero, todas las cosas radicaban en él, el mundo mismo, y el alfa y el omega : el tiempo, el deseo y la espera y aquel mundo aparte que había construido de libros y de pensamiento.
Volvió al bosque, se instaló en la casa y limpió el calvero que, muchos años atrás, había robado a los elfos con el trabajo de sus manos ; y allí plantó un huerto. Asimismo, volvió a rendir culto a las deidades paganas y a conversar con sus amigos veros, los escritores muertos, pero de palabras eternas. Allí vivió de nuevo, del modo que él quería : vio una vez más la muerte roja, holló el bosque del gran dios Pan, contempló el tenebroso castillo de los Cárpatos y temió a los dioses antiguos que moraban en universos ominosos más allá del espacio-tiempo conocido ; escucho así mismo el aullido del gran gris que, en el crepúsculo de los tiempos, devorará al sol y, en la noche profunda, volvió a sentir el vuelo del dragón. Y sintió con ello que era un hombre, un hombre entre muchos hombres -pero algo más-, y que la historia se repetía indefectiblemente, cada vez con diferente factura, pero de modo inevitable una replicación más en el ciclo de las repeticiones, con un propósito desconocido, que nunca llegaría a saber.
Se reafirmó una vez más en aquello que rezaba el adagio chino de que nacer es llegar y morir es volver y encontró la clave de la espera en releer aquellos libros que había amado cuando en él, la vida, se hacía a sí misma.




martes, noviembre 29, 2005

de Desconocido

lunes, noviembre 28, 2005

CHARLES BAUDELAIRE: RETAZOS DE VIDA

MI CORAZON AL DESNUDO (1884)

"Cuanto más el hombre cultiva las artes, menos jode.
Entre el espíritu y la bestia

se produce un divorcio cada vez más sensible.
Sólo la bestia jode bieny la fornicación es
el lirismo del pueblo.
Joder es aspirar a entrar en otro,
y el artista jamás sale de sí."

"Las naciones no tienen grandes hombres más que a pesar suyo" .

COHETES (1884)

Sugestiones

"Cuando un hombre se mete en la cama, casi todos sus amigos sienten un deseo secreto de verle morir; unos, para comprobar que tenía una salud inferior a la suya; otros, con la esperanza de estudiar su agonía."


domingo, noviembre 27, 2005

de Desconocido

SOBRE EL PODER, LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA CREDULIDAD


Pero con la aparición del lenguaje, las cosas cambian. No se trata ya de creer en lo que veo, sino en lo que me dicen. Y esto resulta ya más azaroso, porque el lenguaje sirve como sustituto de la experiencia, sin ninguna garantía. Con la palabra nació la comunicación, pero también la mentira, y nuestra maquinaria de formar creencias resulta engañada con facilidad. Los medios de comunicación favorecen ese engaño porque pueden crear un simulacro de realidad.
El poder siempre ha utilizado esta debilidad anacrónica. Los mecanismos de ejercicio de poder son permanentes y se reducen a tres. La capacidad de hacer daño. La capacidad de dar premios. La capacidad de cambiar las creencias. Haber comprendido esto último fue una de las muestras del genio de Napoleón, lo que le hace tan moderno. Me detengo en este caso, no sólo por la fascinación del personaje, sino porque reciclaré el ejemplo en el último capítulo. Cuidó su imagen pública como otros cuidan una imagen sagrada, con tenacidad y fervor. Descubrió que la opinión popular era todopoderosa y dedicó su talento a modelarla o a cautivarla. Tenía que persuadir al pueblo de la infalibilidad de su destino. Supo crear su leyenda gloriosa mientras estaba viviendo una historia a veces cutre y a veces terrible. Creó un tipo de dictador que ha sido después abundantemente copiado: el hombre providencial. Después de arramblar con el poder necesitaba legitimar lo ilegítimo. Y consiguió convencer al pueblo francés, que en 1.802, le eligió cónsul vitalicio por abrumadora mayoría.
No sólo quiso hacer la guerra, quiso también contarla. Destinado como jefe del ejército en Italia, en 1.797, funda un periódico: El Correo del ejército de Italia, y al mes siguiente, otro: Francia vista desde el ejército de Italia. A renglón seguido crea su propia imagen, con toda desvergüenza: “Bonaparte vuela como el relámpago y golpea como el rayo. Está en todas partes, lo ve todo. Es el enviado de la Gran Nación. Sabe que es de esos hombres cuyo poder no tiene más límites que su voluntad”. Cuando parte para Egipto, no se olvida de llevar una imprenta. Es una de sus armas preferidas. Lanza El correo de Egipto. Conoce tan bien el poder de la prensa que al día siguiente de su golpe de Estado reconoce: “Si suelto la brida de la prensa, no me mantengo más de tres días en el poder”. El día –el 19 brumario- hace publicar el Le Journal de París: “El primer guerrero de Europa, convertido en el primer magistrado de Francia, es el hombre providencial que esperaba un país agotado”. Y un año después, reforzando el mito providencial con el mito del superhombre, publica el siguiente retrato: “La fuerza prodigiosa de los órganos del Primer Cónsul le permite dieciocho horas de trabajo diario; le permite fijar su atención durante esas dieciocho horas sobre un mismo asunto o sucesivamente sobre veinte, sin que la dificultad o la fatiga de cualquiera de ellos entorpezca el examen de otro. Su capacidad de organización le permite ver más allá de todos los asuntos, mientras trata cada uno de ellos”.
La credulidad, que es un rechazo mecánico a toda crítica, una bobalicona aceptación pasiva de lo que llega por canales cualificados, es un dramático fracaso de la inteligencia. En el otro extremo, la desconfianza radical, el régimen permanente de sospecha, también lo es.”

José Antonio Marina
La inteligencia fracasada.
Teoría y práctica de la estupidez

(2.004)

viernes, noviembre 25, 2005

THOMAS BERNHARD

"A LA INVERSA"

AUNQUE SIEMPRE HE ODIADO los jardines zoológicos y me han parecido realmente sospechosas las personas que visitan esos jardines zoológicos, no pude evitar ir una vez a Schönbrunn ni, por deseo de mi acompañante, un profesor de Teología, detenerme ante la jaula de los monos, a fin de observar a esos monos, a los que mi acompañante dio de comer comida que guardaba con tal fin. El profesor de Teología, un antiguo compañero de estudios que me había invitado a ir con él a Schönbrunn, había dado al cabo de un rato a los monos toda la comida que llevaba cuando, de pronto, los monos, por su parte, se pusieron a recoger la comida esparcida por el suelo y a dárnosala a través de la reja. El profesor de Teología y yo nos asustamos tanto del repentino comportamiento de los monos que, al instante, dimos la vuelta y abandonamos Schönbrunn por la salida más próxima.
00O00
SOBRE LOS EDITORES

"CUANDO UNO ESCRIBE UN LIBRO, se lo entrega a su editor, que vive de este negocio. El editor no tiene ni idea de arte y literatura, ni de temas intelectuales en general, ni quiere saber nada. Lleva adelante su negocio, claro, con la excusa de que va a hacer algo por los intelectuales. Sin embargo, si no obtiene cinco chelines de ese empeño, no moverá un dedo.
El editor es siempre la misma persona, que aparece siempre igual de interesada en su nogocio. Entra aquí con su cartera, la abre y acecha hasta que se le da el original. Debe de esperar algo, porque si no, no lo haría, ya que no es ningún filántropo. Y cuando el original ha desaparecido en su cartera, también él quisiera haber desaparecido ya, porque tiene lo que quiere, y quién lo ha hecho le importa, en fin de cuentas, un pimiento".

Kurt Hofmann, "Conversaciones con Thomas Bernhard" (1.988)

miércoles, noviembre 23, 2005

de Desconocido

Él Y DIOS

Este texto fue seleccionado por Blogueratura como artículo quincenal en Mayo del 2005

El y dios
Egosum
Perteneciente a LAS NOCTURNIDADES DE DON ARTURO DEL GRIAL
(novela inédita), R.P.I. Nº. V-1179-05
http://elloboylaluna.blogspot.com

Yo fui educado en la mejor Kultur, la científica, pero sin olvidar nunca el viejo mundo del mito y de la magia. Recibí pronto la primera lección magistral de mi vida, la idea fundamental que me llevaría desde ahí a contemplar la posibilidad de unir felizmente la ciencia y la fe (solo recuerda que lo luciferino es el árbol de la ciencia y de la vida, amén del desprecio hacia la humanidad, aunque yo, por decirlo así, soy satánico, pero con matices): Esa lección tenía un principio fundamental que decía que Dios no existía, pero sí había un Logos; para ilustrar esta tesis, te comentaré una bella historia, sonsacada de un viejo libro de saber prohibido. Se partía de la necesidad de distinguir entre la expresión simbólica de las ideas abstractas y de la definición real de los objetos concretos. Consta, pues, que en las Escuelas del Misterio, el candidato iba ascendiendo de grado en grado y cada vez se le mostraban signos de la divinidad más oscuros y, al final, cuando se descorría la última cortina, hallaba ante sí un altar vacío, a la par que una voz le susurraba al oído. “Dios no existe”. El descorrimiento del Velo del Templo llevaba la primera certidumbre, a una verdad primigenia. No existía el dios que preconizaban las distintas religiones, pero sí existía un Logos, cuya naturaleza exclusivamente podía ser entendida por quienes fueran capaces de meditar ante un altar vacío, lo que equivalía a poder pensar sin la necesidad de un símbolo. La instrucción empleada en el ascenso por grados sucesivos tenía como objetivo el que la inteligencia del iniciado pudiese elevarse hacia el pensamiento abstracto y trascendente, por cuanto en el momento en que el pensamiento cesaba, nacía el miedo... Al final, sí, estábamos Nos, Morgano, no hay más dios que el hombre: veritas contra mundum.

martes, noviembre 22, 2005

de RICARDO CALO (el poeta multimedia)

EXPEDIENTE X

EXPEDIENTE X EN LA SAFOR
Salvador Alario Bataller
Hará cosa de cinco o seis años, en un pueblo de una zona aledaña a Gandia, comenzaron a manifestarse fenómenos extraños. Tanta difusión llegó a tener el asunto que la prensa acabó interesándose y un conocido periódico mandó a un periodista y a un cámara al lugar de los hechos. Viéndolos, mi amigo Bartolo, que es bastante raro –entre otras cosas suele ir por la calle con un pulpo colgado del hombro-, se acojonó y corrió a esconderse a su casa, creyendo que eran americanos, temiendo que lo confundieran con un extraterrestre y se lo llevasen a la NASA para investigar con él.
En la vecindad todos aseguraron la veracidad de los fenómenos, movidos más por el ansia de notoriedad que por otra cosa, porque más de la mitad no sabían de qué iba todo aquello. También se constató que no se trataba de platillos volantes, pero sí de hechos insólitos que hicieron que el gallardo informador se decidiese a estudiar los fenómenos sobre el terreno.
Todo aquel revoltijo comenzó unos años atrás, cuando un joven, por lo general con reputación de sensato, serio y trabajador, un sábado cualquiera entró en el al pub a altas horas de la noche. Iba cocido, como la mayoría; era de amanecida y por eso quedaba poca gente en el local, quienes apuraban el tiempo y la última copa, y que, además, eran sus amigos de toda la vida. Dijo que acababa de ver a la Virgen junto al pequeño abeto del jardincillo de la fuente, a treinta pasos de allí. Después de las risotadas esperadas, la peña salió a la calle para comprobar la veracidad del asunto y poco después regresaron presurosos, con gran nerviosismo, los ojos como platos, la cara como la cal. Todos la habían visto.
Después de ese día, cada noche del sábado, ya muy tarde, la gente iba a ver si se producía la aparición y, con el tiempo, las apariciones marianas junto al abeto del jardín de la fuente fueron tenidas por un hecho. No había duda, la virgen María se aparecía allí, siempre de amanecida, siempre el sábado por la noche, siempre a jóvenes trasnochadores y clientes de los locales de copas del vecindario.Sin embargo, aunque fuera mil veces, en días distintos y los sábados a distintas horas, no hubo manera de que el periodista filmase ni la estela de una mosca. Nadie lo entendía y se obstinaban en que no estaban locos, que la Virgen sí aparecía.
Dando casi la cosa por perdida, el periodista decidió marcharse al día siguiente, pero cenó esa noche con la peña, se fue a beber con la peña, y bebió como el que más y se divirtió como el primero y, efectivamente, esa noche la vio.Dicho lo precedente, la cosa está bastante clara, si bien lo interesante no consiste en que se apareciese la Virgen o no: con todo aquello nació una leyenda urbana que todavía pervive, la de La Virgen del Pino, que pienso que ya no desmentirá el tiempo.

domingo, noviembre 20, 2005

de RICARDO CALO (el poeta multimedia)

JOSÉ MARTÍN HURTADO GALVES: CUENTOS

CIUDADES DE PAPEL
(Parte de la selección publicada en El ArteDUCTO,
Revista del Instituto de Cultura del Municipio de Querétaro, México,
Octubre-Noviembre, 2005)

José Martín Hurtado Galves
PASOS

La vida en la ciudad es un ir y venir. Puertas que se abren y se cierran. Un hombre -cualquiera- llega a su casa. Afuera la lluvia cae de golpe. El ruido del agua parece una turbina de avión, cae a borbotones. Se escuchan unos pasos, apenas si se logran distinguir del agua. Ambos forman pequeños ríos, sonidos que se pierden en la imaginación. Los pasos siguen ahí, en cualquier lugar; son de un hombre adulto, adulto pero no viejo, son pasos precisos, saben a dónde van. Los pasos de los viejos no siempre coinciden con sus intenciones, al final, siempre los llevan hasta la muerte. En la vida no siempre sabemos a dónde vamos, pero los pasos sí; ellos siguen su camino, aunque no siempre sea el que nosotros queremos o buscamos. ¿Cuándo se puede decir que no se es viejo? La puerta se ha vuelto a abrir, afuera, la realidad es sólo un ruido de la lluvia, la misma lluvia es sólo un ruido más; todos somos un pequeño ruido haciendo esfuerzos por no opacarnos entre el murmullo de miles de turbinas imaginarias. El hombre abre la ventana. La realidad entra de golpe. Se oye el choque de un automóvil. El hombre cierra la única ventana de la habitación. Se hace el silencio. Inician de nuevo los pasos. Andar, andar, andar como si estuviéramos en un laberinto con puertas que se abren y se cierran, con ventanas que esperan a ser cerradas si no tienen en ese momento sentido. Andar, andar, andar como si siempre tuviéramos pasos, como si nunca nos repitiéramos en los caminos. ¡Alto!, el hombre hace un alto -al leerlo nosotros también tenemos que hacerlo- no podemos avanzar nuestra mirada si no sabemos hacia dónde se dirigirá. Ha abierto de nuevo la puerta. Una luz hecha de trinos entra a la habitación, la inunda de silencios que revolotean en un espacio lleno de palabras que aún no nacen. El sol también entra, nacen de golpe varias sombras que estaban escondidas entre los muebles. Unas se alargan, otras se tuercen, unas más se enciman en otras. La habitación tiene otra realidad; pero el hombre no está satisfecho con lo que ve, cierra de nuevo la puerta, camina aprisa, se dirige hacia otra puerta, la abre, afuera hay vida: motores y sirenas de automóviles, lluvia, murmullos, imaginación… ciudad. El hombre oye todo esto y cierra por última vez la puerta, sólo queda frente a él el silencio. El laberinto sigue ahí.

LA CIUDAD, METÁFORA MATERIAL
(Reflexión literaria)

La ciudad es una metáfora material. Está hecha -como nosotros-, de palabras que sufren constantemente de metamorfosis. Los silencios crecen entre los murmullos del vacío que se pierde por las calles. Se aprende a vivir ignorando a los demás. En la ciudad las horas llueven a cántaros. Los espacios se mueven. La realidad se transforma. Las huellas se vuelven destinos. Los espejos cuevas. Los pasos laberintos. Los discursos de la publicidad verdades. Los hombres pequeños dioses. La ciudad, como Saturno, una vez más se ha comido a la humanidad y la ha vomitado.

viernes, noviembre 18, 2005

La otra puerta de jrnCalo

CRÓNICAS DE UN ÉCOUTEUR...

CRÓNICAS ANALECTAS DE UN
ÉCOUTEUR NOCTÁMBULO

ME HAGO INVISIBLE
SEGUNDA PARTE

La pelirroja, visiblemente más alterada que las demás, tiene un temblor nervioso en la boca. Intenta hablar, pero su garganta no articula nada.
-Tranquila, tranquila –le dice, cálida, la rubia-. Tómate otro chupito.
Eso hace, y al cabo de un rato, con los ojos lucientes, a la vera de las lágrimas, exclama:
-¡Es terrible, que amargura!.
Suspira y arrasa lo que queda del peché.
Yo ni respiro; el ambiente cargado de vapores etílicos y nocotínicos del Strigoi me da unas grandas enormes de fumar; de hecho cuando estoy aquí fumo compulsivamente, como un carretero, un cigarrillo detrás del otro. Tal vez esa respuesta esté alzaprimada por el relajo del fin de semana, por la asociación con el güisqui. Rabio por prender un pitillo, pero me aguanto. Tal vez no, seguro… Por lo demás, ellas no pueden verme, pero si me muevo, tal vez el sonido las ponga sobre aviso, se asusten y salgan corriendo. Mejor ni me muevo y sigo escuchando.
-¡Ayer mi hijo de 20 años me dijo que se sentía fracasado! –explota y se pone a llorriquerar, manteniendo todavía el control.
-¡Ojo, controla, a ver si la gente se da cuenta! –la regaña la morena, severa- ¡A ver si vamos a montar ahora un numerito!.
Morgano las mira agrio y después se vuelve a del Grial, que le habla sin parar.
A la pelirroja parece que se le ha pasado un tanto el agobio, pero mira muy seria a la morena, que la está reprendiendo nuevamente.
-Es que es normal lo que pasa, os habéis equivocado en la educación de vuestros hijos –espeta y va a añadir más, pero la rubia le interrumpe.
-¡Claro, como tú no tienes hijos! – le reprocha, con gesto aburrido.
-Efectivamente, si no me gusta este mundo, moralmente no podía traer a una criatura –responde la otra, con gran aplomo-. No creí nunca en el matrimonio y no me he casado, despreciaba este mundo y no le di vida esclavizada y, siguiendo con el ramillete, además comos sabéis soy psicóloga y como estoy como una cabra nunca he pasado una consulta. Hay que ser consecuente.
-En eso tienes razón y te admiro –se recompone la pelirroja, llenando otro chupito.
La morena mira displicente a la botella. Comenta que podrían pedir algo más fuerte, la rubia le dice que después y la pelirroja otra vez, angustiada, sigue con lo suyo, diciendo:
-No sé qué he hecho mal, pero me siento terriblemente culpable.
- Sí, la culpa es tanto tuya como del sistema –contesta la morena-. Han crecido sin dar un palo al agua, han tenido lo que han querido. No saben lo que es disciplina, viven para pedir y tener sin ganarse nada. A los 7 años ya tienen un móvil a los 10 una consola, a los doce ordenador , independientemente de que estudien o no, indiferente de cómo se comporten. Hagan lo que hagan hay premios, consumo en este caso y, en esas condiciones, es más fácil caer en el egoísmo que en otra cosa.
-En eso tienes razón –asiente la rubia, también mostrando fastidio y preocupación en sus facciones-. Han vivido en una sociedad sin valores, nosotros mismos para que no sufriesen o se traumatizasen hemos sido excesivamente tolerantes, permisivos; no han tenido control externo, por lo tanto no pueden tenerlo interno. No tienen una conciencia solidaria, solo piensan en sí mismos.
Pienso que tienen buena parte de razón: en mi tiempo y hasta no hace mucho, la adolescencia era una época para aprender un oficio o para estudiar una profesión de cara al futuro; ahora, la juventud quiere vivir, divertirse, como si cada día fuera el último, y después sucede lo que sucede.
Nuestra bella pelirroja habla al alimón de mis pensamientos. Dice:
-Lo que sucede es que cuando quieren independizarse a los dieciocho y veinte no tienen ni un trabajo, ni formación y se quedan ante un mundo que les ofrece un piso mediocre o malo por 50 millones de pesetas o más, un montón de ofertas de consumistas cuando ya no pueden acceder a esos llamados “bienes de consumo”. No tienen futuro porque no lo hay. Al sistema le ha interesado que consumieran y después les ha dejado en la estacada o frente a contratos basura que les harán malvivir o depender eternamente de sus mayores.
Agrega que la sociedad no les ha dado nada, más que una cómoda pero falaz situación dependiente, y unos modelos de éxito falsos, cantantes, deportistas, entre otros, que ganan millones en cosas irrelevantes, de suerte que la juventud no quiere ser esto o lo otro, sino famoso y, por ende, rico. Subsiguientemente la tumba es unánime y vasta (o el manicomio).
-Muchos como no pueden ni saben vivir, recurren a las drogas –añade la rubia-. La tasa de cocainómanos adolescentes es enorme en España. Es consecuencia de la falta de ética, de unos valores compartidos por todos. El vacío ético lleva a este desastre en el cual vivimos. Drogas, promiscuidad, ausencia de cultura, violencia.
-¡Ay calla, calla! –irrumpe la pelirroja, casi fuera de sí.
Se pone a llorar, tapándose la cara con las manos. Me apena. Sus amigas tratan de consolarla y parece que se alivia un poco, cuando dice:
-No le veo el final a esto, creo que no hay salida, sino empeoramiento.

Acaba de entrar un grupo de adolescentes, piden agua y se besuquean en la barra. Hablan alto, indiferentes a todo, con una plétora de palabras malsonantes.
Martín Sepulcro les mira despectivo, enciende un habanos mini y mueve negativamente la cabeza, mientras el grupillo sale afuera.
Los crics-crics de los móviles me irritan, pero como estoy invisible, trato de que no se me oiga ni el respirar.
Mientras tanto, Patricio del Toro, que parece sincronizado con la conversación de las mujeres, comenta:
-Este es el soma de Huxley: no tienen futuro, el mundo no les ofrece nada claro, más que una mascarada de libertad sufragada por padres esclavizados por el sistema del consumismo. Ahí están, por doquiera, los beta y gamma de Un mundo feliz y los cuatro que piensan son lo salvajes. Los alfa, ya sabemos dónde se encuentran. El inglés lo anticipó bien.
-Hay que cambiar el mundo para que vaya mejor.
El poeta Meynart es el que acaba de hablar, y prosigue con la conversación, pero yo dirijo mi atención nuevamente a las tres mujeres que tengo cerca.
-Mis compañeras de trabajo, que son mayores que yo, de bastante más edad ciertamente, son un ejemplo doliente de lo que se está convirtiendo en una realidad casi general. Una tiene hijo de veinticinco y la otra uno de casi treinta apoltronados en su casa: ni dan golpe ni quieren darlo –está diciendo la rubia-. A lo sumo hacen dos chapuzas, trapichean con cosas raras y ninguno de los dos es capaz de aguantar dos meses en un trabajo. Ellas se matan para mantener a los parásitos. Si se les llama la atención o las ignoran o se ponen violentos. Malo, muy malo.
-¡La que se me viene encima! –se queja la pelirroja mientras enciende un cigarrillo.
La morena habla ahora de una tal Marisa, que se ve que conocen todas, que, la semana anterior según comenta, pilló a su hija en el chalet con un chaval en situación más que relajada.
-¿Qué edad tiene? –inquiere la morena con malicia.
-Nada, cuatro días, una cría, vergüenza me da decir la edad –informa la otra-. Se ve que va de atrás y todas sus amiguitas funcionan del mismo modo.
-Es que no puede ser de otra manera –añade la rubia, una risa cruel le tuerce la boca-. La niña ha visto dormir a su madre con cinco tíos distintos en los últimos cinco años y su padre es una mala bestia. También se aprende de los modelos. Cuando algo sucede es porque hay las condiciones dadas para que suceda.
La pelirroja está roja como un tomate, hace un amago de irse y la morena la retiene, ahora muy preocupada.
-¿Qué te sucede? –le pregunta, alarmada.
-¡Mi niña está preñada!.

Y se queda llorando, totalmente fuera de sí; todos de vuelven hacia ella, que no puede parar de llorar.
Uno fracasado y la otra suelta, vamos bien.
Ya tengo bastante por hoy; silente me retiro a mi mesa y, una vez allí, todavía en mi estado de invisibilidad obviamente, no sé si irme o quedarme… Siento una forma vaga y extraña en las proximidades, a la cual debo esquivar. Se trata del fantasma de mi abuelo –algún día hablaré de él-, que afortunadamente no me ha visto; hoy no tengo ganas de hablar con nadie, ni siquiera con los más queridos. Sale, mayestático y arrogante, con su bastón de empuñadura de cabeza de perro de marfil; después de un tiempo prudencial, me dispongo a hacerlo yo. Es entonces cuando entra un viejo garrulo que lleva de la mano a una jovencita, con aspecto extranjero… Me voy.
Ya estoy afuera y ante tanta toxicidad personal y sistémica dudo en si volver a materializarme o quedarme eternamente en el intersticio.



jueves, noviembre 17, 2005

de Desconocido

CRONICAS DE UN ÉCOUTEUR...

CRÓNICAS ANALECTAS DE UN ÉCOUTER NOCTAMBULO

Me hago invisible
Primera parte

En el espacio sellado y demulcente del Strigoi, como de costumbre, me siento relajado, a despecho de las palabras aceradas de los que hablan cerca. Las palabras, como escarpas, van y vienen y yo escucho. Se habla de mens y, por supuesto, de Kultur. Nulla mens sine caerebro, nulla mens sine cultura.
En su sitio, amenazando al espacio ante sí con ojos feroces, el poeta Meynart pontifica:
-¡Hoy se confunde el tener cerebro, mente, conciencia o como queráis llamarlo con la posesión de inteligencia!¡No hablemos del espíritu!.
-¡Palabras mayores amigo! –le responde Martín Sepulcro, aquiescente.
- El psiquiátrico se te ha quedado pequeño, Herr Doktor –refunfuña el poeta, con un pitillo que danza rabiosamente entre sus dientes perfectos.
Lo enciende, da unas caladas y agrega, con idéntico tono:
-Cuanto voy a firmar es, de todo punto, apodíctico: La cultura es la parte intelectualizada o la intelectualización de civilización, aquellos contenidos que tienen que ver con la ciencia y el arte y, por ende, con una forma epistemológica concreta y compleja, más allá de pseudoculturas y sentidos comunes, experiencias compartidas ritualizadas o asumidas, que quieren pasar por cultura. La Divina nunca ha sido cosa de masas, aunque lo deseable sería que cada vez más gente accediera a ella, pero aún así en ningún momento debería obviarse lo diferencial: los seres humanos tenemos más diferencias que similitudes; en la adquisición de conocimientos, por ejemplo, nos diferenciamos en lo que podemos aprender en un tiempo dado y la cantidad de tiempo que invertimos en un contenido específico: hay quien puede y hay quien no... La media, en general, va mejorando. Después, claro, tendríamos que contemplar ése don que las manos blancas de las hadas ponen en la cuna de algunos.
Se detiene un instante mirando en dirección a la puerta. Los demás hacen lo mismo. Arrastrando su pálido veste vital entra Arturo del Grial ; Morgano, sin que se le vea, le sigue como una sombra. Como de costumbre, masculla algo entre dientes y mira esquinado a los habituales.
-¡Bien venido, pájaro de la noche! –exclama Meynart, seguido de un corifeo de risas.
Del grial no contesta y se sienta, lento y desvaído. Morgano, mientras tanto, se cierra en la negrura de sus cogitaciones.
Después, el poeta añade:
-Pondré un ejemplo concreto: imagínate un jardinero que mira una flor. Sus conocimientos le hacen ver la belleza y sabe la manera de obtenerla: son conocimientos empíricos (no científicos ni filosóficos), civilizados, de una materia concreta; si además ese jardinero es botánico, sabe el porqué de muchas cosas de la vida de la flor, tiene una comprensión más amplia y elevada, fundamentada en la praxis científica y comunicable por órganos especializados, como libros, revistas, simposiums, etc...; eso ya sería cultura: uno mira de un modo "civilizado" la belleza de la flor; el otro, además de eso tiene una cultura botánica que le lleva a tener un conocimiento más alto. En suma, pretender que todo sea cultura es demagogia, vulgarización, interesadas formas de igualación totalmente ajenas a la realidad. Algo que sea cultura normalmente debe pasar por la universidad y necesitar muchísimas horas de estudio. Pero ahora, malhaya, al de mi pueblo que utiliza las pelotas como crótalos se le llama músico y a otro se le aclama de gran artista porque la academia de arte le ha galardonado por poner una pila gastada en un fondo rojo. En estos tiempos, una infame turba de dasadaptados, locos, tibios o mediocres a lo sumo son los abanderados de la cultura.
-Incluso podríamos añadir a la lista a Rocco Sigfredi y su aparato –se ríe Martín.
-Al poder le interesa sembrar la idiocia –interviene Juan Sepulcro-. Los romanos ya lo sabían: pan y circo. Quien no piensa no se opone al sistema.
-Ya lo sabemos, amigo –le dice, conciliador, Patricio del Toro-. Mal van las cosas con los melones del poder. No sé si prefiero ser gobernando por un tonto o a un loco.
-Hombre el loco puede tener manifestaciones de inteligencia, el tonto siempre está dirigido, pero tanto lo uno como lo otro resulta funesto, a despecho de que uno que dijera que la diferencia entre la locura y el genio es el éxito. Sea como fuere, las pulgas siempre van al perro flaco.
-Muchas palabras vanas he oído yo también, si te contase.
Ante la atónita y meñique concurrencia –los de costumbre y cuatro gatos más, dos en la barra y dos jugando a los dardos-, su hermano Juan le secunda:
-Tienes toda la razón. Es que se confunde el tener conciencia con la razón y la inteligencia. A los demagogos les interesa. La finalidad ahora es el consumo.
Los dos amigos que beben en la barra miran perplejos a la acalorada compañía, y comentan quedos.
-Ya decía yo que esos del poder nos tenían engañados. Algo diferente de los bailongos y cancioneros de medio pelo y de los niñatos deportistas debe ser la cultura, pese a lo que se diga en los periódicos y en la tele, porque a esos señores no les he entendido ni una –dice el mayor.
-Claro, es que para saber hay que estudiar –le responde su compañero-. La inteligencia y la cultura son como el músculo, cuando más se las trabaja más se agrandan.
-Eso si lo entiendo.
Acaban de irrumpir en el local, agitadas, presurosas, visiblemente muy nerviosas, tres mujeres; posiblemente no lleguen a los 40: potentorras , buenos pendientes cuelgan no sólo de las orejas, excelentes panderos, cabelleras abundantes, todas hermosas.
Nuestros caballeros las miran de soslayo -hay una nota negra en los ojos que no miran abiertamente-, pero ellas, sin apercibirse, se sientan en una mesa, cerca de la barra. Inmediatamente se acerca la chica achinada y le piden unos chupitos de peché, que se tragan rápidamente; eso, varios, un, dos, tres… Con todo, se enzarzan en una discusión acalorada, haciendo verdaderos esfuerzos por no levantar la voz. Es evidente que no desean que nadie se entere de lo que hablan.
Entre ellas y quien escucha media la mesa de nuestros acibarados contertulios, de modo que sólo me llegan sus voces ensordinadas; me corroe la curiosidad, me mata saber de qué hablan, más ahora que las veo enzarzarse en una acalorada discusión. Como no puedo acercarme, decido salir a la calle y cuando nadie me ve, apelo a uno de mis múltiples recursos, y me hago invisible… Así me siento libre de ir y venir, de escuchar, y dejar de hacerlo, con muy pocos inconvenientes. Se trata solamente de ubicarse a una distancia prudencial y “pegar el oído” a las conversaciones.
Me desplazo silente por las baldosas renegridas del Strigoi. Estoy ya cerca de ellas, posicionado, apoyado en la columna que queda inmediatamente detrás de la silla de la rubia. Afino el oído: De lo que hablan les diré el próximo día.

martes, noviembre 15, 2005

de Desconocido

lunes, noviembre 14, 2005

de Alejandro Elías

CARLOS MAZA SEGUENET: CUENTO

EL HOMBRE QUE SE ALEJABA (Biografía incompleta)

Para tristeza de quienes le querían, ni siquiera cuando llegó a NINGUNA PARTE el hombre que se alejaba dejó de alejarse.

ANTONIO GARCÍA MARTÍNEZ: UN CUENTO Y UN POEMA

LA CAMA

Sentado en el borde de la cama, siento el frío en la planta de los pies. El pijama, todavía húmedo, me huele a sudor, tabaco y semen. No he oído el despertador o no ha sonado. La cabeza me va a estallar y me duelen los testículos. De vez en cuando, un pinchazo en el lado derecho del abdomen ¿Qué hay en ese lado: el duodeno, el riñón? Siento los vuelcos del corazón; extrasistoles los llama el médico. «No te preocupes que, por eso, el corazón no se te va a parar» ¡Será capullo! Medio grogui me acercó a la ventana y me fumo un ducados ¡Vaya noche, me digo! Enfrente, el mismo bloque de siempre, con las mismas persianas bajadas. Amanece de gris. Otra vez el dolor en el costado ¿Cómo me puede suceder esto a mí; no puede ser! Me giro despacio. Presiento algo, pero cuando la veo así, deshecha, me vengo abajo ¡Dios, después de lo que ha pasado! Pero sí, ahí está, totalmente vacía, la cama, con las sabanas y la almohada por el suelo. Algo me sube desde el estomago hasta atenazarme la garganta, y de nuevo el sudor frío. Me invade el pánico. Voy al cuarto de baño y vomito. Me repongo como puedo y salgo de la habitación sin volver la cabeza. Un café bien cargado es lo que necesito. Enciendo un cigarro. Parece que va a llover. La primavera es una estación cabrona, nunca me ha gustado. La radió, la radio me aliviará, todo ha sido una mala noche. Hablan de un tipo que le ha asestado siete cuchilladas a su mujer y después se ha tirado por la ventana ¡Coño, por qué esos tarados siempre se tienen que llevar alguien por delante! ¿Y si llamara a Clara para contarle todo? No, seguro que ya se habrá ido al trabajo o si no me dirá lo de siempre, que la neurosis va a terminar conmigo. Pero esta vez es distinto. Además es viernes y la veré por la noche, como cada viernes, desde hace casi un año. Si no fuera por Clara, mi antigua compañera de la facultad, con la que coincidí tomando churros, de madrugada, un viernes que volvía de putas, no sé que hubiera sido de mí. He quedado con ella, en su piso, para ver Testigo de Cargo. La echan por la 2 y trabaja Charles Laughton; está perfecto, me ha dicho. Será tarde, pienso, pero he dejado el reloj en la habitación y no estoy dispuesto a recogerlo. Es el pretexto que necesito para salir zumbando. En la calle llovizna. Sé lo que son las pesadillas, pero esto ha sido otra cosa. Todavía me resuena en la cabeza el «¡Asco, asco me das, hijoputa!». Sí, está noche se lo contaré todo a Clara. No me importa que se ría, que me diga que si no me da vergüenza en un grandullón de cincuenta años, y que son fobias de un solterón. Me da igual, yo no vuelvo más al piso, está decidido. Le diré que venga, recoja mis cosas y me deje estar unos días en su apartamento, hasta que alquile otro. Clara lo entenderá; ya lo creo. Un claxon un frenazo y un ¡imbécil a ver si miras por donde vas! Yo, a lo mío. Después de tanto años, no me merezco acabar así; pero que le den. La lluvia arrecia.

FLORES (pendiente)

Adoro las flores nocturnas de plenilunio
abiertas al libar de los quirópteros

los encendidos ababoles abrasando
de pesadillas los albares

las llamativas rosas de las florerías
de púrpuras artificiales e inodoras

las espinosas, fétidas, carnívoras,
que atraen con la muerte a la vida

las mágicas, narcóticas, trepadoras,
para bebedizos, alquimias y coronas.

domingo, noviembre 13, 2005

de Mot (European Castle Page)

JOSÉ MARTÍN HURTADO GALVES: CUENTOS

CIUDADES DE PAPEL
(Parte de la selección publicada en El ArteDUCTO,
Revista del Instituto de Cultura del Municipio de Querétaro, México,
Octubre-Noviembre, 2005)
José Martín Hurtado Galves

LA NOTICIA

Aquél hombre, a pesar de estar muerto, podía vivir. La noticia corrió como río por toda la ciudad. Si los periódicos no mentían, se abría la posibilidad de la inmortalidad en aquel lugar. Los hombres podrían llegar a ser como dioses: con libre albedrío y sin temor a la muerte. Se formaron comisiones para investigar a tan extraño hombre. Después de haberle practicado todas las pruebas necesarias, se llegó a la conclusión de que en realidad había muerto desde hacía más de cuatro años, incluso se supo que había estado enterrado pero, con ayuda del enterrador, había podido escapar de su tumba. Todo parecía indicar que otros hombres también podrían conseguir tan grande virtud. Sólo había dos condiciones: primero, se tenía que morir en manos de otra persona (no servían de nada los suicidios); segundo, tenían que ser nativos de esa ciudad. La tentación era muy grande, por eso la ciudad empezó a poblarse de manera desproporcionada. El exceso de muertes de propios y extraños empezaba a provocar un gran caos. Se mataban sin misericordia. Lo hacían con razón o sin ella. Los padres de familia pretextaban accidentes para poder provocarles la muerte a sus hijos. Los maestros se deshacían de sus mejores alumnos obligándolos a tomar grandes dosis de cicuta. Los jueces se sentaban en las leyes y mandaban ahorcar a los inocentes. Los automovilistas corrían a toda velocidad por las calles provocando accidentes fatales. Los enterradores no se daban abasto. Por ello se creó una nueva ley: al morir se le daría de plazo al muerto sólo tres días para que pudiera resucitar, si al cabo de esos tres días no lo hacía, lo volverían a enterrar amarrándolo ahora para que no pudiera salir de la tumba. Todos querían morir, pero la mayoría de los que lo lograban eran los que comúnmente se conocen como “gente inocente”, por ello, los que habían sido excluidos tramaron un plan para poder morir y vivir así para siempre. Primero raptaron al presidente y lo amenazaron con obligarlo a suicidarse si no accedía a sus peticiones. El presidente lleno de miedo accedió, pero al último momento se arrepintió y retractó, por ello sus captores decidieron cumplir con su palabra: al siguiente día el presidente amaneció muerto por él mismo. Posteriormente, se tramó el segundo intento, esta vez se trataba de infectar a los resucitados con virus incurables para que -aunque vivos- tuvieran una vida llena de enfermedades y sufrimiento. El resultado esta vez fue tremendo, todos se dieron cuenta que no tenía caso vivir sempiternamente soportando un sin fin de males físicos, por eso decidieron que lo mejor era volver como estaban al principio. La muerte como fin de la vida. Pero había un problema: ¿qué pasaría con los que ya habían sido resucitados? Después de deliberar y exponer cada quien sus argumentos, se decidió por mayoría de votos que lo mejor era enterrarlos vivos. La carnicería fue brutal. Sucumbieron casi todos. Sólo se salvaron algunos que huyeron al lograr hacerse pasar por muertos. Como las leyes de esa ciudad no tenían vigencia en otros lugares, esto permitió asegurarles la vida a los muertos fugitivos. Respecto al primer hombre, sólo se supo que inició la construcción de una nueva ciudad: El Paraíso.

viernes, noviembre 11, 2005

de Desconocido

DE FANTASMAS, SUEÑOS Y REALIDADES

CUENTO DE HORROR
Juan José Arreola

La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.

EL DINOSAURIO
Augusto Monterroso

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

jueves, noviembre 10, 2005

de Desconocido

CARLOS MAZA: CUENTOS

TEORIZAR

Todo apunta a que han sido los medios oficiales quienes filtraron esta mañana la noticia de que el Partido condenará caída la tarde los crímenes sin cuento del líder que nos dejó el sábado, y que gobernó con mano firme el país durante los últimos treinta años. Según esos medios, los funcionarios que se han encargado de revisar su archivo personal no han encontrado en él documento alguno que teorice los asesinatos masivos, desviándose así de la práctica de los líderes fundadores. Las gentes comentan aliviadas que las estatuas irán despareciendo paulatinamente.
EL CHUPÓN

A la séptima filigrana, el “Chupón” fue absorbido por el balón y desapareció del campo. Los demás siguieron jugando como si nada, pero el portero cuenta que cuando el balón se cuela sin querer por la escuadra escucha un llanto sordo que le impide moverse.
HORMIGAS

La obcecada pero eficaz columna de hormigas comenzó a escalar el cuello del joven dormido bajo el árbol. Sin que aparentemente nadie lo ordenara, los diminutos insectos dejaron a un lado la nuez, tomando el camino hacia la barbilla. Superado el momento crítico de la papada, donde como habían aprendido ninguna se dejó engañar por los pérfidos pelos de barba, ganaron el mentón protuberante. Pero, oh hado infausto!; cuando ya algunas dejaban atrás el labio superior del dormido, éste abrió la boca y, como sólo este narrador ha podido saber, regaló un “te quiero” al silencio, pues nadie visible escuchaba. Después enchicló un par de veces la mandíbula, sin cambiar el gesto amable y complacido, mientras la mermada columna continuaba sin saberlo hacia el negro suicidio nasal.
POLUCIÓN DE PELUCHE

No pudo mantenerse insensible el peluche a su condición de ser-para-el-roce. Amaneció hoy ligeramente deshilachado en un costado, orugas de blanca fibra desparramadas por las sábanas. Pobre; ahí lo tenemos tras haberse deslizado furtivo del onírico abrazo de la cariñosa durmiente, en el borde del colchón, decidiendo, enmoquetado de rubor incontenible, si tirarse o esperar que su pueril propietaria despierte y quiera arreglar el descosido.
EL FAQUIR

Quizá sea usted demasiado joven... ¿Recuerda los vastos, los verdes, los rozagantes jardines mediterráneos? Cuando llegaba el verano yo solía estirar el tronco desnudo sobre ellos, a veces en compañía de un libro, a menudo simplemente por sentir la fresca hierba y dejarme acariciar por esa brisa que serpenteaba entre los edificios, la que el mar regalaba con sus brazos generosos. Poco a poco aquella hierba se fue secando, la brisa ahogándose; nadie hizo nada por impedirlo. Entonces el tacto de los jardines se hizo hiriente, punzante, los tallos enrojecían la piel mientras el desierto avanzaba sediento, anhelante de aquello mismo a lo que daba muerte. Al fin sólo una fina arena me sostenía, el último aliento entre la vida y la extinción de las cosas, abrasando la carne. La región, antes envidiada, era ahora hostil y yerma, y yo, que no era de natural errante, di en este circo que recorre los hídricos países del norte. Cierto que mi trabajo aquí cuidando de los animales llena mis días y puedo decir que en ese sentido si usted quiere vulgar que soy feliz. Sin embargo hay algo en mí que no olvida la región de la que sin desearlo me alejé; así creo que debe ser, pues no pocas noches me levanto empapado del sudor que trae una calima que no es de aquí. Y esto le resultará extraño: sólo cuando, gracias a la comprensión amable del faquir, puedo acostarme en la multipuntiaguda cama que usa para su número, vuelvo a sentir en mi cuerpo la hierba fresca y grácil, la brisa suave, el jardín, el gran alivio.

miércoles, noviembre 09, 2005

de Hans Hessel

LEER

Leer es maravilloso: se me va la luz de mis ojos con la de la hoja escrita. Luces que se funden y crecen, no eternamente, como yo quisiera; la una la matará el tiempo, la otra quedará, aguardando otros ojos que la miren.
No leer: constituye un gran vacío. Aquél que no lee es como el que no se ha enamorado nunca; el amor es al corazón lo que la palabra al cerebro.

de Desconocido

LA PRIMERA VEZ

Mi primera vez

Fue con el primer amor; esa vez nunca se olvida y bastantes años después, sin premeditación ninguna, sin poder evitar la mediación de años y experiencias, escribí lo siguiente, en recuerdo al primer, vasto e incomparable encuentro, en el seno de ése mágico y primer querer, el que –más allá de la madre, Deméter inolvidable-siente un hombre por una mujer:
Ojos turquesa:
ella vino a su encuentro,
una chica hermosa de rostro moreno
En casa, mientras esperaba el sueño, un tanto incomodado por la estadía en la localidad, le inundaron pensamientos que hacía mucho tiempo que no remembraba, esos pensamientos que volvían casi porque sí, sin que uno los desease o por algún motivo oculto o complejo. Mientras se encontraba en el proscenio de un sueño poco reparador, como eran sus sueños en Malaalma, pensó en su madre y después en ella.
La luz comenzó a disminuir palpablemente a través del cuadrado del ventanuco y, con su mengua, la habitación se hizo más cálida, más sellada, hasta que al final tuvo casi que adivinarle la forma, el brillo de la mirada. Después no, cuando sus ojos se acostumbraron, pudo contemplar su cuerpo cincelado, la cabellera morena, la boca voluptuosa y el seno suave, subiendo y cayendo, lentamente, en aquella paz merecida y primordial.La voz que provenía de ella era arrulladora, casi zureaba palabras de amor en el bermejo crepúsculo. Era como si una gran paloma se cerniese sobre los amantes, como si el tiempo se hubiera detenido, como aquel abrazo cálido y perfumado, entre sábanas ardientes.
Le pareció que sus ojos centelleaban con un brillo sobrenatural cuando le dijo:
-Te amo.
Y él, se preguntó siempre después sin encontrarle motivo, el por qué, le dijo lo mismo.
Desde joven había defendido dos virtudes en el ser humano, la integridad y la honestidad. La integridad significaba decirse la verdad a sí mismo, la honestidad a los demás. Ella era ambas cosas en aquel momento y lo fue durante un tiempo, un sentimiento tan real y auténtico como la pequeña rosa que su cuerpo había dejado en la alcoba.
Tal vez también el sintiera amor en aquellos instantes, con mayúsculas.
“Oh, sueño, ven”, imploró mientras le envolvía una lasitud creciente.
Amor del bueno.
Su nombre... noble.
Más insistentemente quiso que viniera, deseó el sueño... una bella joven, el pelo negro, el rostro moreno... Dormir, no pensar.
Dormido casi, dormido ya.
Ella estuvo en su sueño... Ella vino a su encuentro, una chica hermosa de rostro moreno.
¿No dijo Machado que un hombre no era hombre hasta que no oía su nombre de una mujer?; puede ser...

martes, noviembre 08, 2005

de Desconocido

JOSÉ MARTÍN HURTADO GALVES: MICROCUENTOS

CIUDADES DE PAPEL
(Parte de la selección publicada en El ArteDUCTO,
Revista del Instituto de Cultura del Municipio de Querétaro, México,
Octubre-Noviembre, 2005)

José Martín Hurtado Galves


TAN LEJOS DE DIOS
A Monterroso y Kafka
Cuando abrió la ventana, vio que la ciudad se había convertido en un monstruoso insecto llamado SAM S. A.


AHÍ VA UN NAVÍO CARGADO DE
Ahí va un navío cargado, cargado de... desigualdades
Ahí va un navío cargado, cargado de... pobreza
Ahí va un navío cargado, cargado de... emigración
Ahí va un navío cargado, cargado de... ciudades


NATURALEZA MUERTA

Y el hombre dijo: ¡hágase la ciudad! y la ciudad se hizo: agua embotellada, flores de plástico, alimentos enlatados, nubes de esmog, árboles rasurados, aves enjauladas, perros y gatos obligados a llevar vestido, alimentos enlatados, croares de claxon, tiempo encerrado, mujeres de plástico, penes eléctricos, dioses-souvenirs, tumbas iluminadas, personas etiquetadas, pasos obligados, miradas perdidas, vidas amontonadas, realidades virtuales. Y la ciudad se hizo.


EN LA CIUDAD
Entretanto alguien nacía, crecía, copulaba, moría, comía, se rascaba, defecaba, lloraba, reía, caminaba, aprendía, vomitaba, dormía, se bañaba, trabajaba, escupía, robaba, huía, viajaba, soñaba, vivía y... con la soledad a cuestas, el final -que era siempre el empiezo- seguía entretanto.


AL FINAL DE LA CIUDAD ESTÁ EL ARCOIRIS
No hay que perder la esperanza, al final de la ciudad está el Arcoiris, el mejor Table Dance de los alrededores.


LA CIUDAD ESTÁ VIVA
La ciudad está viva. Nació, crece, se reproduce y -algún día-, morirá. Pero no morirá del todo, le harán transplantes, injertos, modificaciones, le inyectarán nuevas calles y espaciosas avenidas, bulevares por donde puedan transitar millares de automóviles. Le construirán armazones ortopédicos hechos de puentes y edificios llenos de espejos. Le proveerán de luces que iluminen su oscuridad. La vestirán con letreros fosforescentes que anuncien que está viva. Le limpiarán sus malos recuerdos suministrándole continuamente pequeñas dosis de historia oficial. Le amputarán las partes cancerosas. Cuidarán que sus deshechos no la asfixien. Llevarán un registro de su salud, y cuando se le detecte algún tumor, inmediatamente se procederá a extirpárselo creando para ello nuevas instituciones con nombres pomposos. La ciudad está viva, se mueve, pero -a pesar de todo-, no es la misma ciudad.

lunes, noviembre 07, 2005

"Secret" de Michael Parkes

ANGELA CARTER: CUENTOS

ANGELA CARTER:
LA CAMARA SANGRIENTA

ENCONTRAR a Angela Carter fue un regalo de lo empíreo, digámoslo así, como sucedió con Borges, Tolkien, Lovecraft, Machen o Bernhard, por nombrar sólo a unos cuantos que dieron días (más bien noches) felices... Retoma algunos cuentos clásicos y resalta un tanto ese lado oscuro contra el que el cuento tradicional se erige triunfante: la pasión, la violencia básica, la sexualidad, en menor medida la agresividad (la violencia es su patología), ese lado oscuro que ella trata a veces de un modo un tanto acre, en ocasiones con humor, cuyo favorecimiento, digámoslo aunque parezca cosa manida, puede llevarnos a la hecatombe. En relación con esto, desde luego, no todos sus finales son felices.
Agreguemos a lo anterior algunos datos de la escritora: Angela Carter (1940-1992) enseñó literatura inglesa en la Universidad de Bristol y desde 1976 a 1978 en la universidad de Sheffield. Vivió un tiempo en Japón. Publicó su primera novela Shadow Dance en 1963, a la que siguieron La juguetería mágica (premio John Lewellyn Rhys) en 1967 y Nuevas percepciones (premio Somerset Maugham) en 1968. Noches en el circo (1984) obtuvo el James Tait Black Memorial Prize y el libro de cuentos que estamos comentando, La cámara sangrienta (1.979) el Chentelham festival of Literature Award, publicada entre nosotros en Minotauro (como Héroes y Villanos, Mujeres sadianas y Varias percepciones).
Los cuentos que integran La cámara sangrienta son extraños, sensuales, revisitaciones de personajes archiconocidos: hombres lobo, vampiros, Barba Azul, amantes tigres, el Gato con Botas (de éste dijo Auberon Waugh, critico del Evening Standard que merecería estar en todas la antologías de prosa de este siglo o de cualquier otro), presentando un erotismo posiblemente perturbador para algunos, moviéndose siempre en esa línea difusa que separa la sexualidad de la violencia, sin estar ausente la renuncia por el otro y la ternura.
Entre todos ellos yo prefiero dos, uno de vampirismo y otro de licantropía, los menos aparentes en esa tradición, pero siempre presentes, La dama de la casa del amor y Lobelicia; en realidad, todos ellos me resultan una delicia y son historias magníficas. Solamente un relato me ha hecho sentir esa densa melancolía, ese tiempo pleno de tristeza, ese deseo impar encerrado entre muros viejos, tan inmanente al romanticismo negro y especialmente al vampirismo, además de la bella vampiresa de Carter, y precisamente es un relato sobre el tema, de Cortázar, El hijo del vampiro, que una casualidad me llevó a leer, aunque hacía bastante tiempo que lo tenía en mi biblioteca, en los cuentos completos del gran escritor argentino.
Y recordemos que, ante todo, al cuento lo mueve el miedo (ante la existencia) y el deseo (de una vida mejor). Pero eso cuesta y hay que apoyarse en buenos pilares (bondad, honor, justicia, conocimiento y no poco afán) y, cómo no, ganárselo, desde el individuo hasta los que rigen la vida de la comunidad... Veremos qué se hace.

domingo, noviembre 06, 2005

de Desconocido

viernes, noviembre 04, 2005

FRAGMENTOS DEL SER

JOSÉ MARTÍN HURTADO GALVES: CUENTOS

CUENTOS BREVES
José Martín Hurtado Galves


ENTIERRO
Cuando murió aquél dios, lo enterraron con los hombres. Decían que olía a humanidad echada a perder.
(Publicado en el libro EL REPARADOR DE IDEAS, Fondo Editorial de Querétaro, Colección Nueva Literatura, CONECULTA, México, 2000)

SUICIDA
Antes de suicidarse, el hombre volteó hacia todos lados. Confirmó que estaba solo. Efectivamente no había nadie, solamente cientos de hombres que esperaban a ver cómo caería al lanzarse de aquella torre de alta tensión.
(inédito)

CON SU FÉRETRO
Se cansó de jugar a que estaba vivo. Tomó su féretro y se marchó a otros mundos.
(inédito)

LA PALABRA LOBO
Afuera de las palabras ovejas, anda rondando hambrienta la palabra lobo.
(inédito)

INCERTIDUMBRE
Un hombre detenía el muro de la realidad con su silencio. El día que se atrevió a hablar, descubrió que al otro lado también estaba él.
(inédito)

jueves, noviembre 03, 2005

HORACIO QUIROGA: EL SÍNCOPE BLANCO Y OTROS CUENTOS DE HORROR (valdemar ediciones)

HORACIO QUIROGA

HORACIO QUIROGA (1878-1937)
DECÁLOGO DEL PERFECTO CUENTISTA


1. Cree en un maestro –Poe, Maupassant, Kipling Chejov- como en Dios mismo.

2. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en dominarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

3. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

4. Ten fe ciega, no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con el que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

5. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

6. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba un viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí constantes o asonantes.

7. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. No hay que hallarlo.

8. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente al final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

9. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino.

10. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento.

miércoles, noviembre 02, 2005

de Desconocido