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domingo, enero 15, 2006

SOBRE FANTASMAS

Cecilia Eudave
Entre fantasmas


El fantasma provechoso , de Daniel Defoe, El aparecido , del Marqués de Sade, La diligencia del fantasma , de Amelia D. Edwards, Ligeia de Edgar Allan Poe, El fantasma y el ensalmador de Sheridan La Fanu, La noche de Margarte Rose de Francisco Tario, así hasta el infinito. Fantasmas y más fantasmas recorriendo toda la literatura gótica y fantástica del mundo. Figuras indispensable en el folclor de las culturas, representaciones terroríficas o benéficas, capaces de despertar entre nosotros el peor de los miedos o la más inimaginada compasión. Por ello, siempre me he preguntado el por qué de la fascinación del hombre por estos entes espectrales que van cargando sus penas y no encuentran reposo. Y más allá del hecho literario y las evocaciones líricas, estos monstruos o etéreas figuras, quizá nos seducen porque son representaciones que implican un ferviente deseo de inmortalidad. Desde Apuleyo y Plinio el joven, en el clasicismo grecolatino, observamos como el fenómeno de lo espectral cobra fuerza y cautiva, intuyendo que ellos son portavoces de una razón que busca, como lo señalaba mucho tiempo después Freud, “el retorno de lo reprimido” que descansa en estado transitorio entre una realidad saturada de hechos que eclipsa a la fantasía liberadora de las pasiones de los seres humanos.
Pero también el fantasma es la representación del “otro”, como fenómeno social y no solamente psíquico, estos espectros son alteridades desestabilizadoras de lo propio, que juzgan, y dictaminan a veces, las conductas de las sociedades que los generan. Porque en cada época los fantasmas son diferentes y muestran motivaciones disímiles: en las obras de Séneca los fantasmas reclaman venganza, igual que la aparición del padre de Hamlet; que nada tienen que ver con los perversos y malignos entes fantasmales de Una vuelta de tuerca de Henry James, ni con la tristeza y compasión que no evoca el Fantasma de Canterville de Oscar Wilde; y mucho menos con los fantasmas navideños de Charles Dickens cuya tarea es devolver la autoconciencia de lo que se es frente a los otros, quienes a su vez distan mucho de los conflictos que desatan los “aparecidos” hispanoamericanos, como los de Francisco Tario, que claman reconocimiento y buscan su identidad frente a lo altereo.
Lejos de los convencionalismo y formulas del género fantástico-fantasmal, en algunas ocasiones mal trecho por mediocres escritores, en otras desdeñado por la falta de impacto que hoy en día tienen estos seres torturados por una violencia explícita que nada deja a la imaginación, a pesar de, siguen conservando ese toque de belleza en las descripciones de los parajes, en las lamentaciones demasiado humanas de estos espectros que parecen conocer mejor que nadie el mundo real. Mundo que nos muestran “desotra parte de la ribera” como diría Quevedo, y desde ese más allá, las cosas lucen de otro modo, quizá, por qué no, más verdaderas. Dejemos entonces que se deslicen los fantasmas entre nosotros, escuchemos sus historias y volvamos a dormir, tal vez al despertar seamos un poco más sabios…

Cecilia Eudave

2 Comments:

Blogger Raquel Olvera said...

Amo las líneas nebulosas de tu cara,
tu voz que no recuerdo,
tu racimo de aromas olvidados.
Amo tus pasos que a nadie te conducen
y el sótano que pueblas con mi ausencia.
Amo entrañablemente tu carne de fantasma.
Fracisco Hernández

1/15/2006 3:59 a. m.  
Blogger Egosum said...

Muy bien Raquel, muy bien... Slds.

1/15/2006 4:42 a. m.  

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