Un,dos,tres... CUENTOS
Cuentos y textos diversos de Egosum y otros WEBS PROFESIONALES: http://clinica-psicomedica.iespana.es http://alario1.blogspot.com http://nohaymentesincerebro.blogspot.com
Datos personales
Un cordial saludo: Aunque tengo inéditas bastantes novelas y cuentos, lo que sigue representa lo que he publicado hasta la fecha (en Grafein y promolibro ), además de "La conciencia de la bestia" (finalista del Premio Planeta en 1997 y autoeditada, como las demás obras en lulu).
viernes, junio 30, 2006
ARMANDO JOSÉ SEQUERA
Opus 8
-Júrenos que si despierta, no se la va a llevar -pedía de rodillas uno de los enanitos al príncipe, mientras éste contemplaba el hermoso cuerpo en el sarcófago de cristal-. Mire que, desde que se durmió, no tenemos quien nos lave la ropa, nos la planche, nos limpie la casa y nos cocine.
lunes, junio 26, 2006
JAVIER MARÍAS
Javier Marías único candidato
a la Real Academia Española
para cubrir la vacante de Lázaro Carreter
El escritor Javier Marías ha resultado ser el único candidato propuesto por los miembros de la Real Academia Española para cubrir la vacante dejada por Fernando Lázaro Carreter, según informaron a Europa Press fuentes de la Academia. La candidatura de Marías, ha sido presentada por los académicos Gregorio Salvador, Arturo Pérez-Reverte y Claudio Guillén. La votación para la elección será el próximo 29 de junio y para obtener el quórum necesitará el voto de la mitad de los académicos más uno.En declaraciones a Europa Press, Gregorio Salvador destacó su "personalidad literaria", el "prestigio" de su obra y aseguró que alguno de sus libros son "excepcionales". Entre ellos, resaltó su novela Mañana en la batalla piensa en mí. "Es una narración extraordinaria", reconoció.Asimismo, el académico señaló que Javier Marías es uno de los escritores españoles más conocidos en el extranjero, y resaltó que su obra ha sido traducida a distintas lenguas. "Es uno de los pocos que tiene un gran cartel en América", alegó.
MÁS CANDIDATURAS
En este sentido, argumentó que cualquier candidato que sea presentado para ocupar alguna plaza en la Academia luego necesita como mínimo 17 y 18 votos, dependiendo de los académicos presentes ese día en la votación.No obstante reconoció que, normalmente antes de presentar una candidatura nueva para ocupar un sillón vacante, ha habido ya un cambio de impresiones entre los académicos para ver si esa candidatura puede tener éxito.En esta misma línea, recordó que Javier Marías ya fue propuesto como candidato hace unos años, pero el escritor rechazó la proposición porque su padre, Julián Marías, que todavía estaba vivo, también estaba en la Academia. Según comentó Gregorio Salvador, Marías explicó que dos Marías eran demasiado en la Academia y que no le parecía bien ingresar en esta Institución mientras su padre viviera.
Europa Press, 19 de junio de 2006
miércoles, junio 21, 2006
"POE CÉLTICO"
Fitz-James O´brien
La lente de diamante y otros cuentos de terror
VALDEMAR. Tiempo Cero
FITZ-JAMES O´BRIEN, como Poe, Bierce, Lovecraft, Quiroga, es un escritor de literatura fantástica cuya vida parece extraída de sus propios relatos. Nacido en Irlanda (de ahí que se le diera el título de “Poe céltico”), muy influido por las leyendas feéricas de su tierra y dilapidador de una fortuna en dos años y medio sumido en los lujos londinenses. A los 23 años, arruinado, partió hacia Norteamérica en busca de una nueva vida, en la cual conseguir además el éxito literario. Hombre dado a excesos, allí vivió por encima de sus posibilidades, bebió en demasía, no se perdía ninguna pelea, robaba a uno para pagar a otro, a la par que escribía febrilmente historias y poemas para pagar el alquiler o espantar a sus acreedores. Cuando estalló la guerra civil se alistó en las finas del ejército la Unión, alcanzando el grado de capitán, pero su carrera militar fue breve, ya que en Febrero de 1862 cayó gravemente herido. Debido a un mal tratamiento médico, murió dos meses después, en Abril, a la edad de los 33 años, con lo cual se cercenó una carrera literaria que nos hubiera deparado muchos y buenos frutos.
Los relatos que integran este libro han deparado a Fitz-James O´brien un lugar relevante en la narrativa corta norteamericana. La lente de diamante constituye una fantasía científica sobre el misterioso mundo microscópico y los seres que lo habitan; y ¿Qué es esto? nos sobrecoge con una extraña criatura invisible infiltrada en nuestra realidad y que sirvió de modelo a El Horla de Maupassant y a El engendro maldito de Bierce; finalmente El Forjador de milagros (una historia fascinante de inspiración hoffmanesca, El colmillo de dragón poseído por un mago Piou-lu (una deliciosa fantasía oriental), son otros tantos ejemplos de esa narrativa maravillosa de este gran autor fantástico.
La lente de diamante y otros cuentos de terror
VALDEMAR. Tiempo Cero
FITZ-JAMES O´BRIEN, como Poe, Bierce, Lovecraft, Quiroga, es un escritor de literatura fantástica cuya vida parece extraída de sus propios relatos. Nacido en Irlanda (de ahí que se le diera el título de “Poe céltico”), muy influido por las leyendas feéricas de su tierra y dilapidador de una fortuna en dos años y medio sumido en los lujos londinenses. A los 23 años, arruinado, partió hacia Norteamérica en busca de una nueva vida, en la cual conseguir además el éxito literario. Hombre dado a excesos, allí vivió por encima de sus posibilidades, bebió en demasía, no se perdía ninguna pelea, robaba a uno para pagar a otro, a la par que escribía febrilmente historias y poemas para pagar el alquiler o espantar a sus acreedores. Cuando estalló la guerra civil se alistó en las finas del ejército la Unión, alcanzando el grado de capitán, pero su carrera militar fue breve, ya que en Febrero de 1862 cayó gravemente herido. Debido a un mal tratamiento médico, murió dos meses después, en Abril, a la edad de los 33 años, con lo cual se cercenó una carrera literaria que nos hubiera deparado muchos y buenos frutos.
Los relatos que integran este libro han deparado a Fitz-James O´brien un lugar relevante en la narrativa corta norteamericana. La lente de diamante constituye una fantasía científica sobre el misterioso mundo microscópico y los seres que lo habitan; y ¿Qué es esto? nos sobrecoge con una extraña criatura invisible infiltrada en nuestra realidad y que sirvió de modelo a El Horla de Maupassant y a El engendro maldito de Bierce; finalmente El Forjador de milagros (una historia fascinante de inspiración hoffmanesca, El colmillo de dragón poseído por un mago Piou-lu (una deliciosa fantasía oriental), son otros tantos ejemplos de esa narrativa maravillosa de este gran autor fantástico.
domingo, junio 18, 2006
sábado, junio 17, 2006
ENTREVISTA A PAUL AUSTER
UNA HISTORIA DE BROOKLYN
desapareció de un plumazo el 11 de septiembre"
EDUARDO LAGO
BABELIA - 18-03-2006
BABELIA - 18-03-2006
La cita es en su casa, un brownstone de tres plantas ubicado en Park Slope, cerca de la Séptima Avenida, en una calle en cuesta que recuerda vivamente la atmósfera recreada en Smoke y Blue in the Face, dos películas que captan con la misma riqueza de matices que sus narraciones el espíritu de Brooklyn, el idiosincrásico barrio en el que Paul Auster vive desde hace dos décadas. El autor de Leviatán y La música del azar acaba de cumplir 59 años. En una pared de la biblioteca cuelga una solemne declaración firmada por el presidente de la Junta Municipal de Brooklyn que da cuenta de una efemérides recientemente instaurada: la proclamación del 26 de febrero como "El día de Paul Auster". Su última novela, la número doce en su haber, es un encendido homenaje a Brooklyn y a las gentes que lo habitan.
PREGUNTA. Sus novelas se caracterizan por tener finales abiertos o ambiguos. Sin embargo, Brookly Follies tiene un final feliz. ¿Ha escrito Paul Auster una comedia romántica?
RESPUESTA. Desde luego, es una comedia, aunque no sé si romántica. Suceden cosas tristes y hay episodios oscuros, pero al final, a la mayoría de los personajes les salen bien las cosas. También hay una veta política, sobre todo por parte de Tom, uno de los personajes principales, que es muy crítico con la Administración de Bush. Hay que tener en cuenta que la novela transcurre en el periodo de las elecciones presidenciales del año 2000. Se habla bastante de la situación que aqueja a este país. Tom no es precisamente republicano y sus ideas se expresan con toda claridad en Brooklyn Follies. Es cierto que de todas las novelas que he escrito, ésta es la que tiene un final más cerrado, pero no podía ser de otra manera, dado que se trata de una comedia. Necesitaba un final contundente y aunque se puede tildar de feliz, hay que matizar, porque se da una mezcla de emociones de signo muy encontrado.
P. En la novela irrumpen bruscamente los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001. ¿Le resultó doloroso escribir sobre eso?
R. La sombra de los atentados se cierne de manera velada sobre toda la novela, pero no afloran en la narración hasta el final. Esos párrafos le dan un vuelco total al libro. Todo lo que ha tenido ante sus ojos el lector cobra un sentido inusitado. Brooklyn Follies se transforma en una elegía, en un himno a una forma de vivir que desapareció de un plumazo de la faz de la tierra. El lector descubre que lo que tiene ante sí es un canto a un mundo perdido, a la belleza y sencillez de una forma de vida cotidiana que dejó de ser posible a partir de aquellos acontecimientos. El 11 de septiembre de 2001 cambió el curso de la historia, haciéndonos entrar a todos en un periodo ominoso.
P. Brooklyn siempre ha ejercido una extraña fascinación sobre todo tipo de escritores. ¿Podría recordar a algunos?
R. Habría que empezar por Walt Whitman, quizás el más célebre de todos. Más recientemente tenemos a los dos Miller, Arthur y Henry. También Thomas Wolfe vivió en Brooklyn durante un tiempo... Y luego está aquel experimento tan interesante cuando un grupo de escritores compartió una casa en Brooklyn Heights, en la década del cuarenta o del cincuenta, no me acuerdo bien. W. H. Auden, Langston Hughes, Carson McCullers. Hay una novelista maravillosa, hoy olvidada, Bessie Smith, la autora de Un árbol crece en Brooklyn, un libro bellísimo. Y tantos otros, Norman Mailer, Truman Capote... Si nos trasladamos a la actualidad es un delirio la cantidad de poetas y novelistas que viven aquí. Son innumerables.
P. ¿A qué cree que se debe?
R. Brooklyn es un lugar que tiene una atmósfera muy especial. Hay en este barrio algo misterioso que se te mete por debajo de la piel y se queda ahí. Brooklyn es un inventario del universo y tiene la peculiaridad de que mientras que en todas partes las diferencias étnicas y religiosas son una fuente potencial de conflictos, aquí se convive en armonía. Yo me vine a vivir por razones prácticas, porque los alquileres eran más baratos y llevo 19 años aquí. Cuando me casé con Siri, ella dejó Manhattan para venirse a Brooklyn, y cuando decidimos comprarnos una casa le dije que no tenía por qué ser aquí, y ella, que había venido un poco a regañadientes, dijo que no, que no quería irse de Brooklyn.
P. ¿Cómo surgió Brooklyn Follies?
R. Se me ocurrió en 1993. Eso en mí es normal. Mis novelas se gestan durante periodos muy largos de tiempo, cinco, diez, a veces quince años. Cuando empecé, tenía en mente una estructura muy diferente a la de ahora. Nathan, el protagonista, no existía entonces en mi imaginación, pero el resto de los personajes sí. Sobre todo había dos personajes muy especiales, Willy Christmas, un mendigo poeta, y Míster Bones, su perro. Esos dos personajes fueron el motor que puso en marcha la novela, pero cuando terminé el primer capítulo me di cuenta de la singularidad de su historia y tomé la decisión de dedicarles una novela a ellos dos. El resultado fue Tombuctú, una narración breve, de carácter acusadamente poético. Mi intención era escribir Brooklyn Follies inmediatamente después de Tombuctú. Pero faltando Willy Christmas y Míster Bones, la estructura que tenía pensada se me vino abajo y no fui capaz de recomponerla. Me pasé años pensando en cómo resolver el problema. Entre medias, escribí otras novelas, pero no me resultó posible abordar Brooklyn Follies hasta que se me ocurrió el personaje de Nathan.
P. ¿De dónde surgen sus historias?
R. De las profundidades del subconsciente, de un abismo al que no tengo acceso. Anidan ocultas dentro de mí mismo hasta que un día surgen y entonces las observo: ideas, personajes, palabras. Al principio no las entiendo, pero si se trata de algo que me atrae, que me subyuga aunque no sepa por qué, me pongo a explorar el material, a tratar de darle forma.
P. Usted empezó como poeta. ¿Cómo se convirtió en narrador?
R. La discontinuidad no es tan tajante. Hasta el día de hoy me sigo considerando poeta, un poeta que cuenta historias. Mi manera de aproximarme al lenguaje es la propia de un poeta, no se diferencia en nada de la actitud que tenía cuando escribía poesía propiamente dicha. Además, siempre he escrito ficción, sólo que de joven no quería publicarla porque no tenía suficiente calidad. Llegó un momento en que dejé de escribir ficción, aunque seguí escribiendo ensayos y reseñas, además de poesía. A finales de los setenta atravesé por una crisis muy profunda y dejé de escribir por completo. Durante un año no escribí una sola línea. Y cuando me sentí con fuerzas para volver a hacerlo, me dediqué exclusivamente a la prosa. Sentí una especie de liberación, pero no es exacto decir que dejara la poesía. Seguía ahí, sólo que el vehículo en que aparecía eran mis novelas. Y todavía sigo escribiendo poemas, sólo que lo hago con carácter privado, para celebrar ocasiones familiares, como bodas y cumpleaños. (Se ríe). Son poemas con rima, y me divierto mucho componiéndolos.
P. En 1979 publica La invención de la soledad. ¿Cuál es la importancia de ese libro?
R. No es una novela, pero siempre he pensado que fue el catalizador que puso en marcha toda mi carrera como novelista. Lo escribí tras la muerte de mi padre, con ánimo de entender quién había sido. La invención de la soledad es un intento de encontrar el sentido que había tenido la vida de mi padre. ¿Y qué es la ficción sino el intento de entender las vidas ajenas? Ésa es la razón por la que se escriben novelas. La invención de la soledad abrió para mí una puerta que desde entonces nunca se ha cerrado, la de la ficción. Estamos en 2006, han pasado 27 años, y a lo largo de todos estos años no he dejado de escribir novelas en ningún momento.
P. ¿Por qué hay tan poco diálogo en sus novelas?
R. Resulta llamativa la influencia que ejerce hoy día el cine sobre la literatura. Son muchos los narradores cuya imaginación está condicionada por el cine. Estructuran sus novelas yuxtaponiendo escenas que luego llenan de personajes que intercambian palabras. En cuanto a mí, a pesar de que he hecho cine, soy el menos cinematográfico de los escritores. Lo que a mí me interesa es el cuerpo mismo de la narración, ir desplegándola lentamente para dar forma a la novela, y aunque hay diálogo, es relativamente escaso.
P. ¿Qué le ofrece el cine que no encuentra en la novela?
R. Son dos maneras completamente diferentes de contar historias, y en eso hay un desafío que me atrae como creador. Soy un cinéfilo empedernido desde que era niño, aunque eso no se refleje en mi manera de escribir. Me metí a hacer películas por accidente. Luego hay un elemento extra-artístico y es que escribir es un oficio atrozmente solitario. Me he pasado muchos años encerrado en una habitación, sin hablar con nadie. Por el contrario, el cine es un arte colectivo, te permite trabajar con mucha gente, y eso es algo muy gratificante.
P. ¿Qué ocurre en el tiempo que media entre el final de una novela y el principio de la siguiente?
R. Cuando termino una novela tiendo a olvidarme de ella, aunque los personajes siguen vivos dentro de mí durante algún tiempo. Es como si después de haber convivido muy de cerca con unos amigos, de repente se van y los echas terriblemente de menos. De vez en cuando me pregunto: ¿qué estarán haciendo X o Y ahora? Algo así. Luego viene un vacío abrupto, durante el cual me siento deprimido y no soy capaz de hacer nada. Sólo que en la parte de atrás de la cabeza, ya está la siguiente novela, tratando de abrirse paso y al cabo de un par de meses, ya estoy encerrado, escribiendo. Por cierto, he terminado otra novela. La terminé a finales de diciembre... Sí... (pensativo). Es una novela corta, muy extraña... Se titula Viajes por mi escritorio. Su génesis es distinta de la del resto de mis novelas. Normalmente tengo las novelas en mi cabeza durante muchos años antes de ponerme de hecho a escribirlas. El caso de Viajes por mi escritorio es distinto. Surgió de la nada, como por ensalmo. Un día tuve una visión de un anciano en pijama que calzaba zapatillas de cuero. Lo vi sentado al borde de la cama, con las manos apoyadas en las rodillas y la cabeza hundida, mirando al suelo. (Paul Auster aparta la silla de la mesa, reproduce el gesto que acaba de describir, y se queda un rato callado). Era una imagen hipnótica, que no me podía apartar de la cabeza. De pronto la entendí: aquel anciano era yo dentro de veinte años. Esa imagen fue lo que generó la novela, pero no me pregunte de qué va, porque no sabría por dónde empezar. El año que viene podrá leerla, si quiere.
P. Su obra está firmemente anclada en el legado de los autores mayores de la historia de la novela. En la Trilogía de Nueva York hay un homenaje directo a Cervantes y Hawthorne aparece en muchas de sus obras, incluida Brooklyn Follies, donde hay un manuscrito falsificado de La letra escarlata.
R. Cervantes nos dio el libro de los libros. Don Quijote es una novela en la que aparecen todas las cuestiones relativas al arte de la ficción. Es, sencillamente, un libro inagotable. Dos libros, en realidad, porque la segunda parte es otra novela, la verdaderamente moderna, todavía mejor que la primera. Don Quijote es un libro que te lleva a lugares insospechados. No sé cuántas veces lo he leído. En cuanto a Hawthorne, toda la literatura norteamericana remite a él. La letra escarlata es fundamental, pero tiene otras muchas cosas de gran interés. No hace mucho edité y prologué un librito suyo muy curioso, el diario que dedicó a su hijo Julian, un diario que comprende un periodo de 20 días. Y luego están los relatos. Hawthorne es un cuentista prodigioso. Tiene razón Borges cuando dice que es un precursor de Kafka. Los cuadernos, en particular, están impregnados de una atmósfera que prefigura llamativamente una sensibilidad como la de Kafka. Están cuajados de apuntes y bosquejos, de ideas para relatos que parece haberlos escrito alguien que vivió en el siglo XX. Me siento muy cerca de él, por eso aparece constantemente en mis libros. Mi personalidad se asemeja a la suya, tengo el mismo gusto por la soledad que tenía él. Cuando decidió ser novelista se pasó doce años encerrado en una habitación, escribiendo. Sólo salía durante el verano, a viajar por Nueva Inglaterra. Me parece fascinante. Hawthorne es nuestro primer gran escritor, junto con Edgar Allan Poe.
RESPUESTA. Desde luego, es una comedia, aunque no sé si romántica. Suceden cosas tristes y hay episodios oscuros, pero al final, a la mayoría de los personajes les salen bien las cosas. También hay una veta política, sobre todo por parte de Tom, uno de los personajes principales, que es muy crítico con la Administración de Bush. Hay que tener en cuenta que la novela transcurre en el periodo de las elecciones presidenciales del año 2000. Se habla bastante de la situación que aqueja a este país. Tom no es precisamente republicano y sus ideas se expresan con toda claridad en Brooklyn Follies. Es cierto que de todas las novelas que he escrito, ésta es la que tiene un final más cerrado, pero no podía ser de otra manera, dado que se trata de una comedia. Necesitaba un final contundente y aunque se puede tildar de feliz, hay que matizar, porque se da una mezcla de emociones de signo muy encontrado.
P. En la novela irrumpen bruscamente los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001. ¿Le resultó doloroso escribir sobre eso?
R. La sombra de los atentados se cierne de manera velada sobre toda la novela, pero no afloran en la narración hasta el final. Esos párrafos le dan un vuelco total al libro. Todo lo que ha tenido ante sus ojos el lector cobra un sentido inusitado. Brooklyn Follies se transforma en una elegía, en un himno a una forma de vivir que desapareció de un plumazo de la faz de la tierra. El lector descubre que lo que tiene ante sí es un canto a un mundo perdido, a la belleza y sencillez de una forma de vida cotidiana que dejó de ser posible a partir de aquellos acontecimientos. El 11 de septiembre de 2001 cambió el curso de la historia, haciéndonos entrar a todos en un periodo ominoso.
P. Brooklyn siempre ha ejercido una extraña fascinación sobre todo tipo de escritores. ¿Podría recordar a algunos?
R. Habría que empezar por Walt Whitman, quizás el más célebre de todos. Más recientemente tenemos a los dos Miller, Arthur y Henry. También Thomas Wolfe vivió en Brooklyn durante un tiempo... Y luego está aquel experimento tan interesante cuando un grupo de escritores compartió una casa en Brooklyn Heights, en la década del cuarenta o del cincuenta, no me acuerdo bien. W. H. Auden, Langston Hughes, Carson McCullers. Hay una novelista maravillosa, hoy olvidada, Bessie Smith, la autora de Un árbol crece en Brooklyn, un libro bellísimo. Y tantos otros, Norman Mailer, Truman Capote... Si nos trasladamos a la actualidad es un delirio la cantidad de poetas y novelistas que viven aquí. Son innumerables.
P. ¿A qué cree que se debe?
R. Brooklyn es un lugar que tiene una atmósfera muy especial. Hay en este barrio algo misterioso que se te mete por debajo de la piel y se queda ahí. Brooklyn es un inventario del universo y tiene la peculiaridad de que mientras que en todas partes las diferencias étnicas y religiosas son una fuente potencial de conflictos, aquí se convive en armonía. Yo me vine a vivir por razones prácticas, porque los alquileres eran más baratos y llevo 19 años aquí. Cuando me casé con Siri, ella dejó Manhattan para venirse a Brooklyn, y cuando decidimos comprarnos una casa le dije que no tenía por qué ser aquí, y ella, que había venido un poco a regañadientes, dijo que no, que no quería irse de Brooklyn.
P. ¿Cómo surgió Brooklyn Follies?
R. Se me ocurrió en 1993. Eso en mí es normal. Mis novelas se gestan durante periodos muy largos de tiempo, cinco, diez, a veces quince años. Cuando empecé, tenía en mente una estructura muy diferente a la de ahora. Nathan, el protagonista, no existía entonces en mi imaginación, pero el resto de los personajes sí. Sobre todo había dos personajes muy especiales, Willy Christmas, un mendigo poeta, y Míster Bones, su perro. Esos dos personajes fueron el motor que puso en marcha la novela, pero cuando terminé el primer capítulo me di cuenta de la singularidad de su historia y tomé la decisión de dedicarles una novela a ellos dos. El resultado fue Tombuctú, una narración breve, de carácter acusadamente poético. Mi intención era escribir Brooklyn Follies inmediatamente después de Tombuctú. Pero faltando Willy Christmas y Míster Bones, la estructura que tenía pensada se me vino abajo y no fui capaz de recomponerla. Me pasé años pensando en cómo resolver el problema. Entre medias, escribí otras novelas, pero no me resultó posible abordar Brooklyn Follies hasta que se me ocurrió el personaje de Nathan.
P. ¿De dónde surgen sus historias?
R. De las profundidades del subconsciente, de un abismo al que no tengo acceso. Anidan ocultas dentro de mí mismo hasta que un día surgen y entonces las observo: ideas, personajes, palabras. Al principio no las entiendo, pero si se trata de algo que me atrae, que me subyuga aunque no sepa por qué, me pongo a explorar el material, a tratar de darle forma.
P. Usted empezó como poeta. ¿Cómo se convirtió en narrador?
R. La discontinuidad no es tan tajante. Hasta el día de hoy me sigo considerando poeta, un poeta que cuenta historias. Mi manera de aproximarme al lenguaje es la propia de un poeta, no se diferencia en nada de la actitud que tenía cuando escribía poesía propiamente dicha. Además, siempre he escrito ficción, sólo que de joven no quería publicarla porque no tenía suficiente calidad. Llegó un momento en que dejé de escribir ficción, aunque seguí escribiendo ensayos y reseñas, además de poesía. A finales de los setenta atravesé por una crisis muy profunda y dejé de escribir por completo. Durante un año no escribí una sola línea. Y cuando me sentí con fuerzas para volver a hacerlo, me dediqué exclusivamente a la prosa. Sentí una especie de liberación, pero no es exacto decir que dejara la poesía. Seguía ahí, sólo que el vehículo en que aparecía eran mis novelas. Y todavía sigo escribiendo poemas, sólo que lo hago con carácter privado, para celebrar ocasiones familiares, como bodas y cumpleaños. (Se ríe). Son poemas con rima, y me divierto mucho componiéndolos.
P. En 1979 publica La invención de la soledad. ¿Cuál es la importancia de ese libro?
R. No es una novela, pero siempre he pensado que fue el catalizador que puso en marcha toda mi carrera como novelista. Lo escribí tras la muerte de mi padre, con ánimo de entender quién había sido. La invención de la soledad es un intento de encontrar el sentido que había tenido la vida de mi padre. ¿Y qué es la ficción sino el intento de entender las vidas ajenas? Ésa es la razón por la que se escriben novelas. La invención de la soledad abrió para mí una puerta que desde entonces nunca se ha cerrado, la de la ficción. Estamos en 2006, han pasado 27 años, y a lo largo de todos estos años no he dejado de escribir novelas en ningún momento.
P. ¿Por qué hay tan poco diálogo en sus novelas?
R. Resulta llamativa la influencia que ejerce hoy día el cine sobre la literatura. Son muchos los narradores cuya imaginación está condicionada por el cine. Estructuran sus novelas yuxtaponiendo escenas que luego llenan de personajes que intercambian palabras. En cuanto a mí, a pesar de que he hecho cine, soy el menos cinematográfico de los escritores. Lo que a mí me interesa es el cuerpo mismo de la narración, ir desplegándola lentamente para dar forma a la novela, y aunque hay diálogo, es relativamente escaso.
P. ¿Qué le ofrece el cine que no encuentra en la novela?
R. Son dos maneras completamente diferentes de contar historias, y en eso hay un desafío que me atrae como creador. Soy un cinéfilo empedernido desde que era niño, aunque eso no se refleje en mi manera de escribir. Me metí a hacer películas por accidente. Luego hay un elemento extra-artístico y es que escribir es un oficio atrozmente solitario. Me he pasado muchos años encerrado en una habitación, sin hablar con nadie. Por el contrario, el cine es un arte colectivo, te permite trabajar con mucha gente, y eso es algo muy gratificante.
P. ¿Qué ocurre en el tiempo que media entre el final de una novela y el principio de la siguiente?
R. Cuando termino una novela tiendo a olvidarme de ella, aunque los personajes siguen vivos dentro de mí durante algún tiempo. Es como si después de haber convivido muy de cerca con unos amigos, de repente se van y los echas terriblemente de menos. De vez en cuando me pregunto: ¿qué estarán haciendo X o Y ahora? Algo así. Luego viene un vacío abrupto, durante el cual me siento deprimido y no soy capaz de hacer nada. Sólo que en la parte de atrás de la cabeza, ya está la siguiente novela, tratando de abrirse paso y al cabo de un par de meses, ya estoy encerrado, escribiendo. Por cierto, he terminado otra novela. La terminé a finales de diciembre... Sí... (pensativo). Es una novela corta, muy extraña... Se titula Viajes por mi escritorio. Su génesis es distinta de la del resto de mis novelas. Normalmente tengo las novelas en mi cabeza durante muchos años antes de ponerme de hecho a escribirlas. El caso de Viajes por mi escritorio es distinto. Surgió de la nada, como por ensalmo. Un día tuve una visión de un anciano en pijama que calzaba zapatillas de cuero. Lo vi sentado al borde de la cama, con las manos apoyadas en las rodillas y la cabeza hundida, mirando al suelo. (Paul Auster aparta la silla de la mesa, reproduce el gesto que acaba de describir, y se queda un rato callado). Era una imagen hipnótica, que no me podía apartar de la cabeza. De pronto la entendí: aquel anciano era yo dentro de veinte años. Esa imagen fue lo que generó la novela, pero no me pregunte de qué va, porque no sabría por dónde empezar. El año que viene podrá leerla, si quiere.
P. Su obra está firmemente anclada en el legado de los autores mayores de la historia de la novela. En la Trilogía de Nueva York hay un homenaje directo a Cervantes y Hawthorne aparece en muchas de sus obras, incluida Brooklyn Follies, donde hay un manuscrito falsificado de La letra escarlata.
R. Cervantes nos dio el libro de los libros. Don Quijote es una novela en la que aparecen todas las cuestiones relativas al arte de la ficción. Es, sencillamente, un libro inagotable. Dos libros, en realidad, porque la segunda parte es otra novela, la verdaderamente moderna, todavía mejor que la primera. Don Quijote es un libro que te lleva a lugares insospechados. No sé cuántas veces lo he leído. En cuanto a Hawthorne, toda la literatura norteamericana remite a él. La letra escarlata es fundamental, pero tiene otras muchas cosas de gran interés. No hace mucho edité y prologué un librito suyo muy curioso, el diario que dedicó a su hijo Julian, un diario que comprende un periodo de 20 días. Y luego están los relatos. Hawthorne es un cuentista prodigioso. Tiene razón Borges cuando dice que es un precursor de Kafka. Los cuadernos, en particular, están impregnados de una atmósfera que prefigura llamativamente una sensibilidad como la de Kafka. Están cuajados de apuntes y bosquejos, de ideas para relatos que parece haberlos escrito alguien que vivió en el siglo XX. Me siento muy cerca de él, por eso aparece constantemente en mis libros. Mi personalidad se asemeja a la suya, tengo el mismo gusto por la soledad que tenía él. Cuando decidió ser novelista se pasó doce años encerrado en una habitación, escribiendo. Sólo salía durante el verano, a viajar por Nueva Inglaterra. Me parece fascinante. Hawthorne es nuestro primer gran escritor, junto con Edgar Allan Poe.
martes, junio 13, 2006
AUGUSTO MONTERROSO
La oveja negra
En un lejano país existió hace muchos años una oveja negra.
Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
En un lejano país existió hace muchos años una oveja negra.
Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.
jueves, junio 08, 2006
EDUARDO GONZÁLEZ: BREVE RELATO
Yaiza
“Quiso sonreírme Fortuna aquel luminoso y redondo día, cuando la magia de una concesión divina hizo aparecer ante mí los ojos más hermosos que a lo largo de mi vida había podido contemplar.
Yaiza es una mujer poseedora de la belleza singular de las más altas dignidades, una belleza de color paradisíaco, una belleza nacida de los destellos del arcoíris.
Yaiza es ágil y esbelta. Su tez morena embriaga los sentidos como la caricia de una madre a su criatura. Así de suave y tierna se muestra esta princesa ante un hombre como yo, ávido de luz y amor.
Sus cabellos, tan negros como el mar de una noche sin luna, tan brillantes como el azabache al sol, evocan bostezos de oro y malva al albur de un sueño, el sueño de un amor sin límites, el sueño de un amor refrendado en el cielo.
Esos sus ojos, de tan buen mirar, me guían hasta su corazón entre místicas procesiones de flores y albahaca liberando a un tiempo las voces silentes de un desierto de finísima arena.
Un rostro adorable descubre inocentemente su inteligencia y vivacidad, cualidades que madurarán y se asentarán con el tiempo, cuando la templanza alcance plena autoridad, aunque su divino porte anuncia ya un destino dorado.
Así contemplo a Yaiza y así la venero”
El antiguo manuscrito que así rezaba hizo que yo mismo buscara a esa mujer. Yaiza era como un reclamo, un reclamo incitante que yo no podía obviar. Necesitaba saber más.
Todo parecía indicar hacia el sur y hacia allí me dirigí buscando pistas falsas en Marruecos y posteriormente en Palestina.
Fue sin embargo durante mi viaje de regreso a la península cuando un pasajero me informó de que en las islas Canarias, sobretodo en Lanzarote, existen muchas mujeres con tal nombre, probablemente pues de origen guanche.
Hacia allí me dirigí sin dilaciones, y a mi llegada a Tenerife me informaron de la existencia de una población con tal nombre.
Yaiza es un pueblo encantador, un pueblo en el que parece haberse detenido el tiempo, y donde existe una leyenda sobre una princesa, la princesa Yaiza, de origen bereber, cuyo nombre significa “mujer de hábiles manos”.
De regreso a Valencia, y ya en un centro comercial de la ciudad, contemplé atónito a Yaiza mientras plegaba prendas multicolores con una destreza y delicadeza admirables.
E. Glez
lunes, junio 05, 2006
Eduardo González: breve relato
GEOMETRÍAS
Aquella noche, la luz de la lámpara iluminó el papel de un modo especial, y como por arte de magia, las figuras que en él se dibujaban comenzaron a cobrar vida.
Berty, un niño de catorce años, tan inteligente como su padre que había sido premio Nobel, y tan astuto como un zorro, amo y señor de aquella que era su habitación, decidió aproximarse y averiguar lo que allí mismo, ante sus propias narices, estaba sucediendo.
La circunferencia rodó desde el margen izquierdo aproximándose al cuadrado, que pareció inclinar su vértice derecho en esa dirección, como si diera una honorífica bienvenida a tan redonda y majestuosa figura.
De inmediato pudo escuchar Berty un tenue susurro que parecía provenir de la mesa.- ¡Estaban manteniendo una conversación!- Sus ojos se abrieron entonces como platos.
-Buenas noches, señor Cuadrado- decía la circunferencia.
-Buenas noches, señor Círculo- contestaba el cuadrado.
Berty se acercó hasta la mesa con sigilo para percibir con todo detalle lo que aquellas figuras tenían que decirse. El niño estaba tan sorprendido que se quedó mudo, lo cual le permitió seguir el hilo de lo que allí sucedía sin que aquellos dos dibujos pudieran advertir su presencia.
-Parece usted un tanto preocupado- hizo notar el círculo a su interlocutor.
-Bueno... yo es que... la verdad... eh... quisiera que los humanos me vieran tal como soy- comentó el cuadrado.
-¿Y cómo cree usted ser, Señor Cuadrado?- preguntó el círculo deseoso de averiguar el fondo de la cuestión.
-Pues yo soy un cuadrado. Ni más ni menos- respondió seguro de sí irguiéndose sobre su línea recta de base.
-¿Y quién cree, señor cuadrado, que le puso a usted el nombre, sino un humano?- inquirió retóricamente el círculo.
-Cierto. Así es. ¡Pero lo que no entiendo es por qué los humanos, otorgándome tal nombre por el motivo obvio de poseer cuatro lados y cuatro ángulos, andan a toda hora buscándome la curvatura!- se quejó el cuadrado.
-¡Ja, ja, ja!- reía con ganas el círculo -¡Si usted supiera el tiempo que llevan los humanos buscándome a mí, con lo redondo que soy, la cuadratura! ¡A los humanos les encanta buscar los tres pies al gato!- exclamaba jocoso el círculo.
-¿Pues no tiene el gato cuatro patas?- preguntó el cuadrado.
-Efectivamente. Pero dígaselo usted a los humanos. ¡Menudos son ellos!- contestó el círculo haciendo aspavientos.
(Y no pregunten ustedes cómo hizo aspavientos el círculo, porque sin duda es muy difícil de explicar. Lo cierto es que Berty pudo verlo con sus propios ojos, del mismo modo que había podido escuchar con sus propios oídos aquella sorprendente conversación.)
Y así fue cómo, una vez más, Berty volvió sobre sus pasos para sentarse en la mecedora a reflexionar sobre lo acontecido.
¿Será esto una señal que indique el comienzo de alguna rebelión? Siendo esto como fuere, lo cierto es que los humanos deberíamos atender lo que nos intenta comunicar la realidad, ese marco referencial en que acontecen los sucesos.
E. Glez
domingo, junio 04, 2006
SALVAR LAS LIBRERÍAS
Del blog de Javier Marías
Salvemos las librerías
Más allá de los tópicos que la consagran como «fiesta del libro» o privilegiado «lugar de encuentro de lectores y escritores», la Feria del Libro de Madrid sigue siendo un popular acontecimiento cultural cuya celebración marca cada temporada el final aproximado del curso libresco.
Fundada en 1933, establecida con carácter oficial a partir de 1936, e interrumpida en diversas ocasiones durante la guerra y la posguerra, la Feria inaugura hoy su 65ª edición con un programa repleto de actividades y unas perspectivas de negocio cercanas a los 11 millones de euros. Su celebración es, como cada año, pretexto para algunas consideraciones acerca de la política del libro.Con la totalidad de sus antiguas competencias transferidas a las Comunidades Autónomas, lo más que se le puede pedir a la Administración central es que ejerza eficazmente su papel de árbitro y moderador de un sector que, pese a su madurez y salud financiera, presenta algunas disfunciones, no siempre atribuibles a causas exógenas. En lo que respecta al Ministerio de Cultura, resultan todavía insuficientes o incompletas las estadísticas y bases de datos globales acerca de los hábitos de consumo de los productos culturales, una contextualización imprescindible si se quiere facilitar la labor de todos los agentes implicados. Y también es insatisfactoria, tímida o excesivamente lenta la tramitación y puesta en marcha de los instrumentos jurídicos necesarios para el establecimiento de un marco eficaz de funcionamiento para la cadena del libro: me refiero básicamente a la reforma de la ley de Propiedad Intelectual -más allá de meros ajustes para adecuar la existente a la normativa comunitaria-, y a la promulgación de una nueva Ley del Libro que enfrente con audacia los problemas más acuciantes; incluyo, entre ellos, la clarificación de la nebulosa situación del llamado «precio fijo», en tierra de nadie desde que el gobierno del Partido Popular decidiera excluir de la norma el libro de texto.Pero, una vez que el Ministerio de Cultura ya no es responsable inmediato de la vergonzosa precariedad presupuestaria de las bibliotecas públicas, hoy transferidas, quizás el mayor reproche que pueda hacerse a su gestión sea la falta de apoyo eficaz a las librerías independientes como canal indispensable en la comercialización del libro.
En nuestro país las librerías representan algo más del 34 por ciento de la cuota del mercado. Lejos -por ahora- de ese escaso 19 por ciento de las de Francia, donde los procesos de concentración -mucho más intensos y devastadores que en España- han podado dramáticamente la antaño tupida red de librerías independientes en beneficio de los cada vez más poderosos hipermercados y de las grandes cadenas de librerías, dos imponentes competidores que representan cuotas de mercado equivalentes. Y eso a pesar de que en Francia sigue vigente el precio fijo; si desapareciera no es improbable que la librería, tal como hoy la entendemos, se convirtiera en pintoresca arqueología cultural.La desaparición de las librerías no es sólo, como proclaman ciertos liberales doctrinarios, un asunto de adecuación de viejas estructuras a las exigencias del mercado global.
Con cada librería que desaparece -y en nuestro país lo hacen muchas cada año- se pone en peligro la necesaria diversidad de un mercado de ideas en el que lo que más se vende no tiene por qué ser lo mejor en términos de calidad.
El auténtico librero, a diferencia del que vende libros como un producto más de una extensa gama o, incluso, como gancho para atraer al cliente hacia mercancías más rentables, lo suele tener presente. Por eso en sus mesas de novedades -o, al menos, en sus estanterías- todavía queda espacio para esos otros libros que los hipermercados ignoran en beneficio casi exclusivo de los superventas. Proteger la librería no es una cuestión de nostalgia, sino de pura y simple salud cultural. Y democrática.
MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO,
Real Cronista en Lengua Española, o Inca Garcilaso del Reino de Redonda
ABC, 26 de mayo de 2006
jueves, junio 01, 2006
CHEJOV: UNA BIOGRAFÍA
Natalia Ginzburg
Antón Chejov, vida a través de las letras
Acantilado, 2.006
De una manera amena y sugestiva, Natalia Ginzburg (1916-1991) -una de las figuras más destacadas de la literatura italiana del siglo XX- nos adentra en la vida de Antón Chejov (1860-1904), vida breve pero pletórica de acontecimientos: sus incios como escritor de comedias, su labor como médico rural, sus primeros éxitos como autor teatral, su relación con otros escritores como Gorski o Tolstoi, la lucha contra la enfermedad, los últimos años en Yalta y su muerte prematura en Badenweiler; un libro hermoso, que nos brinda de manera magistral un acercamiento de quien fue, entre otras cosas, uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos, uno de los más altos retratistas del alma humana.







