Un,dos,tres... CUENTOS
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Un cordial saludo: Aunque tengo inéditas bastantes novelas y cuentos, lo que sigue representa lo que he publicado hasta la fecha (en Grafein y promolibro ), además de "La conciencia de la bestia" (finalista del Premio Planeta en 1997 y autoeditada, como las demás obras en lulu).
jueves, diciembre 21, 2006
martes, diciembre 19, 2006
MURAKAMI
Haruki Murakami:
Tokio blues
revista de libros número 110 febrero 06 33
Tokio blues
revista de libros número 110 febrero 06 33
El título original de Tokio blues es Norwegian
Wood, título a su vez de una melodía de
The Beatles. Este cambio es importante
porque no tiene explicación posible y eso
es, precisamente, lo que lo hace significativo, como veremos
más adelante. De momento adentrémonos en
este libro de adolescentes y adolescencia protagonizado
por un muchacho llamado Toru Watanabe, que es quien
cuenta la historia que ocupa la novela, como narrador,
diecisiete años más tarde. Retrocedemos con él al Tokio
de los años sesenta, donde conoce a una pareja –ella,
Naoko; él, Kizuki– de la que se hace inseparable hasta el
suicidio de él. Un año más tarde, retoma su relación de
amistad (quizá debiéramos decir de hermandad) con
Naoko, una muchacha psicológicamente débil y terriblemente
afectada por la muerte de su compañero.
Cuando ella es internada en un centro de reposo,Toru
conoce a Midori, por la que se siente muy atraído también.
Midori es, al contrario que Naoko, una muchacha
de carácter decidido, vivaracha y muy poco convencional
en su manera de ser.Toru se encuentra dividido entre
las dos mujeres aunque apenas se relaciona sexualmente
con ellas, pero sí lo hace con otras muchachas de
paso sin mayor interés para él que el desahogo de un
encuentro casual. Estamos ante un clásico relato de adolescente
en pos de su personalidad adulta.
De los dieciocho a los veinte años de Toru es el período
en que se desarrolla este encuentro bifronte y todos
los males, sentimientos atormentados, dudas, indecisiones
y deseos de la adolescencia conforman el caldo
en que bullen su cuerpo y su espíritu. De tratarse de un
retrato de adolescencia, nada nuevo aportaría a ejercicios
anteriores a él, como El adolescente de Dostoyevski
o El guardián entre el centeno de Salinger, por citar dos
ejemplos de alto valor literario. Pero el libro de Murakami
tiene un escenario que podríamos aceptar como
novedoso; un escenario sentimental, no geográfico, pues
la ciudad de Tokio pertenece a la clase de grandes urbes
del planeta donde se desarrollan hoy buena parte de
los dramas contemporáneos. Ese escenario es el de una
clase de soledad que está extendiéndose en el mundo
urbano de hoy y que podríamos definir en una primera
aproximación como la soledad desenraizada.
Me explicaré. En principio, parece que toda soledad
requiere una ausencia, pero ésta no tiene por qué
ser necesariamente una ausencia de raíces; la soledad es
a menudo relativa u ocasional; siempre causa daño, mas
no suele ser estable salvo en casos extremos. Lo que define
a esta nueva forma de soledad es que los individuos
afectados por ella parecen no provenir de ninguna parte
y no ir a ninguna parte, y esa sensación sí es estable.
Se caracteriza por una carencia afectiva que parece haber
sido el caldo de cultivo de su existencia desde que
adquirieron el uso de razón; y también por una última
displicencia hacia la razón de vivir y por la falta de objetivos
estimulantes de futuro. Hay en esta clase reciente
de soledad, que es sólo urbana, un dejarse llevar por
las circunstancias en la medida en que parecen ser o
inevitables o un peso demasiado lastrado como para
tratar de desprenderse de él. La vida, entonces, se convierte
en un desconcierto, pero, sobre todo, se convierte
en un espacio donde no hay apoyo para los afectos
ni para descargar la sentimentalidad, de modo que la
característica inestabilidad de la vida moderna se convierte
no en un suelo movedizo sobre el que luchar
por buscar alguna forma de asiento o mecanismo contra
la incertidumbre, sino en un suelo que nos mueve
de acá para allá y en el que chocamos de diversas maneras
y en ocasiones siempre únicas e irrepetibles con
otros seres tan desconcertados como nosotros.
La vida se convierte en un desconcierto... y en un
cansancio. Es la sensación de cansancio la que parece
apoderarse de las actitudes y los gestos de los personajes
atrapados en ella. No hay lucha por salir de ahí o entenderse
de otra manera sino que se vive como algo irremediable,
como un modo de ser que a uno le ha tocado
vivir. Hay algo de destino o de sino en esta actitud que
se fundamenta en el desafecto, en la falta de raíces, en la
sensación de no pertenecer a nada que no sea el propio
cuerpo con el que se deambula de un lado para otro.Y
todo ello genera, en el trato con los demás, una mezcla
de reconcentración, timidez, falta de riesgo, miedo a dejarse
ver y necesidad de hacerlo a la vez, que se resume
en una actitud de contención no diré que autista, pero
sí que reservada y autoconsciente en grado sumo. Son
dos palabras las que resumen esta actitud ambivalente:
deseo y temor; un clásico del paso por la vida; sólo que
aquí, en esta historia y, más allá de ella, en este mundo
nuestro que ha iniciado ya el siglo XXI, apunta a la falta
de raíces como detonante principal.
Curiosamente,Tokio, la ciudad más poblada del planeta,
parece que ni pintada para albergar estas historias de
anonimato y deriva. Pienso en un filme que ha causado
sensación en medio mundo y en el que se muestra con
eficiencia otra cara de esta forma de soledad: me refiero a
la película Lost in Translation, de Sofia Coppola. Es la historia
de dos seres que flotan en medio de esta sociedad
urbanita sin entender por qué están allí ni qué hacen allí.
El cansancio les domina, como el aburrimiento o, por
mejor decir, el lento paso de las horas. Bien es verdad
que ellos están en tránsito en la ciudad y los protagonistas
de nuestra novela, no; pero la soledad y el desconcierto
son los mismos y, además, la novela comienza cuando
el protagonista,Toru Watanabe, diecisiete años más tarde,
aterriza en un aeropuerto europeo, un espacio tan lejano
como Tokio lo es para la pareja de la película. En la
película, el personaje masculino advierte la sequedad de
las raíces que lo unen a su familia al otro lado del mundo
y comienza a asumir que la profundidad de su soledad es
superior a todo cuanto hubiera podido aceptar o disimular
hasta entonces; y la muchacha descubre que la soledad
comienza en su propio marido al que acompaña y
nada sabemos del resto de su entorno, si es que afectivamente
existe tal entorno. En todos ellos hay una resignada
acepción de las cosas: son así, y sólo algunos fogonazos
afectivos en medio de la contención de los deseos son
capaces de iluminarlos de cuando en cuando, como luciérnagas
en la noche. En realidad, bien podemos decir
que a Toru Watanabe las cosas le suceden a él, que no es
él quien le sucede a las cosas; y esto se aplica igualmente
a los protagonistas de la película.Todos se mueven, pero
ninguno lucha. Es una forma de soledad con la que se
carga. Punto. La vida moderna.
Este planteamiento es novedoso, en efecto, está empezando
a recogerse y mostrarse artísticamente de
modo reciente. La esencia de la soledad no cambia, lo
que cambia es el modo, ahí está su contemporaneidad.
En las expresiones de soledad precedentes a ésta, un
personaje puede desconocer hasta su origen, pero sabe
a dónde pertenece de un modo u otro; aunque sea un
excluido, las raíces son reconocibles. Esta nueva soledad,
en cambio, se caracteriza por disponer no sólo de lo
que podríamos denominar una falta activa de afecto
sino también de cualquier clase de anclaje ancestral.
Murakami y Coppola no lo diagnostican, se limitan a
mostrarlo: vea usted lo que nos está sucediendo. En
cierto modo podríamos hablar de retratismo en la medida
que es un retrato de nuestro tiempo, pero no es un
diagnóstico porque deja las causas en manos del lector.
Es un arte sintomático, podríamos decir: manifiesta el
síntoma, pero, insisto, no emite un diagnóstico. No trato
con esta aseveración de exigírselo a los autores, eso
sería una estupidez.Trato, simplemente, de definir su
posición. Es, por tanto, una propuesta activa además de
un retrato, porque lleva implícita la reflexión del lector
o espectador sobre el asunto.
Sin embargo, creo que Murakami juega con las
cartas marcadas, juega a su favor para cubrirse y ese es
el problema para la novela, un problema eminentemente
literario.Veámoslo.
¿Qué sucede cuando abres tu corazón?: que te curas.
Ése es el anhelo utópico de una sociedad desenraizada
y en él creen todos los infelices personajes de este
libro. Esta misma creencia resume la superficialidad del
relato. Porque el problema principal es que este retrato
no se adentra en los personajes sino que se limita a describirlos.
No se adentra en el sentido de los sucesos sino
que se contenta con constatar que los sucesos no tienen
sentido. «¿Cuántas decenas, no, centenares de do-
mingos como éste me quedan por vivir?», se pregunta
uno de ellos. Y a la pregunta de ¿cuáles son tus problemas?,
otro contesta: «Mi familia, mi novio, las irregularidades
de la regla...». Esta suma de manifestaciones cotidianas
es la que trata de establecer el sentido de la
novela en la medida que lo característico de los personajes
es que suceden cosas, unas anodinas (una pelea,
unas notas mediocres...) y otras de verdadera importancia
(el suicidio de Kizuki, por ejemplo), pero, en su relato,
el personaje Watanabe trata igual a unas que a otras
siendo tan disímiles en cuanto a su potencial dramático.
Eso es manifestación de un modo de ver la vida que
padece de anomia, pero no es más que eso. El porqué
no queda explícito porque no es intención del autor
hacerlo, pero tampoco queda implícito. De este modo, su
actitud es más propia de un fedatario que de un literato:
da fe de un hecho, pero no construye el hecho.
Los personajes acaban mostrando su lado frágil, su
miedo a romperse; esto es lo que les contiene, lo que
dificulta sus relaciones; alcanzan una forma de cercanía
que es, a la vez, una forma de rechazo.Todo lo cual
concluye en una forma de egoísmo a fin de cuentas.
Eso es lo que está bien visto. Sin embargo, no acabamos
de saber lo que cada uno significa para el otro: ahí entra
en acción una vaguedad que encierra a cada uno en su
mundo y las reacciones ante el problema son escapar y
dejar pasar los días. De hecho, éste es un relato de tiempos
muertos, como en Lost in Translation. Pero también
relato de tiempos muertos era una hermosísima película
de Howard Hawks, Hatari! La diferencia estaba en
que, en el caso de Hawks, los tiempos muertos eran los
que daban sentido a los tiempos vivos. Los unos eran
impensables sin los otros y el machihembrado de ambos
ofrecía un acabado impecable.
Las tres mujeres que afectan a Watanabe son, curiosamente,
complementarias. Midori es, exactamente, el
complemento de Naoko; es de carne y hueso, activa,
mientras que Naoko es pasiva, más parece una fijación
adolescente elaborada por el protagonista.Y la tercera,
Reiko, la compañera de cuarto de Naoko en la casa de
reposo, una mujer adulta, pero tan escondida como
Naoko, acaba proporcionando a Watanabe un desahogo
con la mujer madura que es, en realidad, una excusa
estructural del autor, por lo que su contacto final con
el chico suena a falso, blando, infantiloide, un encuentro
aplazado y pactado para redondear la influencia de las
mujeres en la vida de Watanabe. Aquí es donde la novela
deja ver su lado más débil.
La joven Midori, un tanto alocada y extravagante,
parecería la encargada de manifestar una mayor vitalidad
mientras que a Reiko le correspondería la sabiduría
de la madurez y a Naoko el papel de muchacha ensoñada
y ensoñante. Midori es también, frente a las otras
dos, la más contemporánea, incluso en su modo de hablar:
«Gastaba mis ahorros en comida. Así eduqué mi
paladar.Tengo mucha intuición. Mi punto débil es el
pensamiento lógico». Cuando trata de explicarse, cae en
el terreno flotante de los demás, sin embargo: «Siempre
estuve hambrienta. Aunque sólo hubiera sido una vez,
hubiera querido recibir amor a raudales. Hasta hartarme.
Hasta poder decir: Ya basta, estoy llena, no puedo
más». No los sacaremos de ahí. La novela se extiende,
reitera incluso, pero no ahonda; es pura superficie al
alcance de todos los públicos que se deleitan con una
apariencia de intensidad que trata de pasar por alta literatura
dramática.
Hay algo más. El narrador cuenta desde los treinta
y siete años. Han pasado diecisiete desde que ocurrió
todo el asunto. Es, por lo tanto, otro hombre; pero eso
carece de importancia para el autor. Que desembarque
en Hamburgo y escuche Norwegian Wood es tan solo
una excusa para ofrecer el relato. El problema es que lo
está contando el mismo protagonista diecisiete años después
y esto no está en la novela. No está y debería estar
porque un autor consciente ha de saber que, una vez
establecidas las coordenadas de la novela, debe atenerse
a ellas. No puede contarse en primera persona una historia
sobre la que han pasado diecisiete años sin que
este lapso de tiempo afecte de algún modo a la narración.
Este agujero es lamentable.Acorde con ello, Norwegian
Wood es sólo una referencia, no una presencia;
quiero decir que lo mismo hubiera dado cualquier
otra melodía, lo cual no deja de ser un descuido, una
falta de autoexigencia. El gran libro es aquel en el que
todos su elementos, incluidos los menores, demuestran
ser imprescindibles.Todo lo cual, lastimosamente, deja
un proyecto de plato contundente en un entrante bien
cocinado, pero sin verdadera sustancia. Lo que sí hay
que hacer notar es la habilidad del editor al cambiar el
título: es un toque de glamour que actúa como guinda
de un éxito previsible.
Tokio blues, de Haruki Marakami, ha sido publicada por Tusquets.
LA MIRADA DEL NARRADOR
Clive Coote
LA MIRADA DEL NARRADOR
sábado, diciembre 16, 2006
MALDITOS LIBERADOS

De http://ivanhumanes.blogspot.com
-Lo más complicado de tener libros es mantenerlos a raya y orden en la estantería. Sin ir más lejos, esta mañana me llegó una carta. Siete libros malditos se habían escapado hacía ya tiempo y ya no creía ni en ellos ni en su suerte. Pero en el texto me contaban que durante hoy y el fin de semana estarían "libres" para el primero que los quiera y encuentre en estos lugares de Barcelona y alrededores:
Viernes 11 a.m., en Plaza Catalunya, salida de metro Ramblas.
Viernes 13 a.m., en Arco del Triunfo (propio arco).
Sábado 11 a.m., en la Iglesia Santa Maria del Mar, entrada.
Sábado 15 p.m., Sagrada Familia, alrededores.
Sábado 17 p.m., en el Museo de Cera.
Domingo 19 p.m., en el andén de la estación de metro Cornellà.
Domingo 19 p.m., andén de la estación de metro Pubilla Cases.
.
lunes, diciembre 11, 2006
ALPHONSE ALLAIS
Un rajá que se aburre
¡El rajá se aburre!
¡Ah, sí, se aburre el rajá!
¡Se aburre como quizá nunca se aburrió en su vida!
(¡Y Buda sabe si el pobre rajá se aburrió!)
En el patio norte del palacio, la escolta aguarda. Y también aguardan los elefantes del rajá. Porque hoy el rajá debía cazar al jaguar.
Ante yo no sé qué suave gesto del rajá, el intendente comprende: ¡que entre la escolta!; ¡que entren los elefantes!
Muy perezosamente, entra la escolta, llena de contento.
Los elefantes murmuran roncamente, que es la manera, entre los elefantes, de expresar el descontento.
Porque, al contrario del elefante de África, que gusta solamente de la caza de mariposas, el elefante de Asia sólo se apasiona con la caza del jaguar.
Entonces, ¡que vengan las bailarinas!
¡Aquí están las bailarinas! Las bailarinas no impiden que el rajá se aburra.
¡Afuera, afuera las bailarinas! Y las bailarinas se van.
¡Un momento, un momento! Hay entre las bailarinas una nueva pequeña que el rajá no conoce.
-Quédate aquí, pequeña bailarina. ¡Y baila! ¡He aquí que baila, la pequeña bailarina!
¡Oh, su danza!
¡El encanto de su paso, de su actitud, de sus ademanes graves!
¡Oh, los arabescos que sus diminutos pies escriben sobre el ónix de las baldosas! ¡Oh, la gracia casi religiosa de sus manos menudas y lentas! ¡Oh, todo!
Y he aquí que al ritmo de la música ella comienza a desvestirse.
Una a una, cada pieza de su vestido, ágilmente desprendida, vuela a su alrededor.
¡El rajá se enciende!
Y cada vez que una pieza del vestido cae, el rajá, impaciente, ronco, dice:
-¡Más!
Ahora, hela aquí toda desnuda.
Su pequeño cuerpo, joven y fresco, es un encantamiento.
No se sabría decir si es de bronce infinitamente claro o de marfil un poco rosado. ¿Ambas cosas, quizá?
El rajá está parado, y ruge, como loco:
-¡Más!
La pobre pequeña bailarina vacila. ¿Ha olvidada sobre ella una insignificante brizna de tejido? Pero no, está bien desnuda.
El rajá arroja a sus servidores una malvada mirada oscura y ruge nuevamente:
-¡Más!
Ellos lo entendieron.
Los largos cuchillos salen de las vainas. Los servidores levantan, no sin destreza, la piel de la linda pequeña bailarina.
La niña soporta con coraje superior a su edad esta ridícula operación, y pronto aparece ante el rajá como una pieza anatómica escarlata, jadeante y humeante.
Todo el mundo se retira por discreción. ¡Y el rajá no se aburre más!
viernes, diciembre 08, 2006
LEGIONARI

Tomado de http://ivanhumanes.blogspot.com
« Nous, les dramaturges qui avons conçu ce théâtre de la modernité nous étions ou sommes des exilés: l'Irlandais Beckett, le Roumain Ionesco, le Russe Adamov ou le Polonais Topor. Au nom de tous j'ai reçu mercredi 29 novembre l'honneur légionnaire (la Légion d'Honneur) qu'ils méritaient infiniment plus que moi, et précisément des mains de Jack Lang. { « Découverte scientifique : l'effet magique de la Légion d'Honneur voyage à la vitesse du son et non de la lumière » me dit, tout heureux (mais oui !) Houellebecq, depuis l'appel de Mirto.}
-
« Nous 'desterrados' (et fondateurs de la modernité) vivons éparpillés en exil, avec humilité, campanules et couronnes. Ou nous nous réunissons en groupuscules de roc blindé. Nous sommes, comme les petites filles extra-terrestres, Thérèse d'Avila et Yifan Hou de Pékin, tous les mêmes, ceux d'hier, d'aujourd'hui et de demain, les sages et les fous, les héros et les insensés. Nous ne sommes pas venus pour vivre mieux ou moins mal, car nous nous efforçons d'appartenir à le légion des quichottes, des chevaliers errants, avec des paroles de beauté et de science et d'humour. VIVA LA SUERTE »
.
Extractos (2)
de la Allocution de Fernando Arrabal al ser nombrado
Caballero de la Legión de Honor.
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« Nous 'desterrados' (et fondateurs de la modernité) vivons éparpillés en exil, avec humilité, campanules et couronnes. Ou nous nous réunissons en groupuscules de roc blindé. Nous sommes, comme les petites filles extra-terrestres, Thérèse d'Avila et Yifan Hou de Pékin, tous les mêmes, ceux d'hier, d'aujourd'hui et de demain, les sages et les fous, les héros et les insensés. Nous ne sommes pas venus pour vivre mieux ou moins mal, car nous nous efforçons d'appartenir à le légion des quichottes, des chevaliers errants, avec des paroles de beauté et de science et d'humour. VIVA LA SUERTE »
.
Extractos (2)
de la Allocution de Fernando Arrabal al ser nombrado
Caballero de la Legión de Honor.
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jueves, diciembre 07, 2006
CABALLERO
francia-premio 29-11-2006
Fernando Arrabal recibe insignias Caballero de la Legión de Honor
El escritor español Fernando Arrabal recibió hoy las insignias de Caballero de la Legión de Honor de Francia por su contribución a la cultura.El ex ministro francés de Cultura Jack Lang impuso hoy esa distinción a Arrabal en nombre del presidente de la República Francesa durante un acto en el que subrayó que el galardonado 'nunca ha dejado de atravesar las fronteras físicas y del arte'.Lang calificó a Arrabal de 'desobediente congénito', y repasó su actividad creadora desde que llegó por primera vez a París en los años 50 del pasado siglo.Dramaturgo, novelista, pintor, poeta y guionista, Arrabal agradeció el premio con un breve discurso en el que mezcló a Santa Teresa de Jesús con los pintores españoles que se instalaron en Francia a lo largo del siglo XX, todo ello para destacar la importancia de este país que hoy le ha premiado.'Somos poetas y locos', dijo Arrabal de ellos y de él mismo, antes de declarar su amor por el teatro de vanguardia y de resumir en español su pensamiento al recibir la distinción: '¡qué suerte!'.Arrabal, de 74 años, une este reconocimiento a otros que ha obtenido a lo largo de su trayectoria, como el Premio Nacional de Teatro de España, el Nadal de Novela, el de Teatro de la Academia Francesa o el Oby Prize de Nueva York.El escritor francés Michel Houellebecq, que es amigo de Arrabal, estaba presente entre el público, en el que había también personajes del cine y el periodismo, puesto que los otros galardonados hoy con la Legión de Honor han sido el realizador georgiano Otar Iosseliani y la periodista y escritora francesa Laure Adler.
miércoles, diciembre 06, 2006
IVAN HUMANES: LA HUIDA DE E.D.
LA HUIDA DE E. D.
Desde aquel día, quién más quien menos, confía poco en Alejandro Dumas. Por su obra Los tres mosqueteros, por su imaginación o por su estilo (“le mot juste”), lo respetamos. Punto. Se ha dado a entender que en esta mina nos mueve un odio rotundo hacia él por dejar desprotegido a su personaje, pero no es así: es un rencor vago que en la bocamina mismo, o dentro de la jaula o mientras se está paleando se desvanece entre el carbón picado y las miradas oscuras. Pasa que el rasgo distintivo de esta mina es la literatura. Antes del hecho que nos ha marcado solamente había capas, pozos, rellenos, etc. Pero los mineros ahora (tras lo que sucedió un buen día) hablamos de las novelitas clásicas sin dificultad, procurando que el humo de las explosiones o el polvo del carbón, lo que por aquí se llama la pipá, no nos atragante la idea. Quizá lo más difícil de todo sea hacer entender al que no conoce nuestra historia la verdadera razón de todo.
- Perdonen, tenía la impresión que caminaba hacia el muro exterior –dijo una vez un tipo con melena francesa y camisa de preso.
Y claro, escuchar cómo alguien pica en la pared, temer luego la aparición, y que se asome la cabeza de este hombre en la mina, cayendo después de rodillas en la galería y mirándonos a todos como quien ve fantasmas, pues asusta. El personaje que apareció de un agujero un día hizo una reverencia y se rascó la cabeza. Después soltó un ¡oh! que chocó con unas cuantas paredes formando un eco francófilo y se puso a reír como un perturbado.
- ¿Qué hace aquí? ¿De dónde viene? –tuvo que preguntarle alguien.
- Llevo cinco años cavando hacia el muro... Le puse nombre a las piedras, veintidós mil cuatrocientas, veintidós mil –hablaba temblequeando.
- ¿Francés acaso? ¡Se presente! –le ordenó enfadado el capataz.
- Edmond Dantés, Conde de Montecristo.
Nosotros, en ese momento, cogimos el pico y trabajamos como si no hubiésemos visto a ese loco. Fue una ilusión nos dijimos, una ilusión. Pasamos a analizar las elecciones generales y la tienda que había montado en el pueblo la viuda de Iríbar, lencería y cosas finas... Pero el capataz ordenó parar, nos reprendió la ligereza. No nos quedó más remedio que invitarle a beber agua y compartir los panecillos de anís. Que había sido preso injustamente, contó. Refirió su historia: era marinero, con planes de casorio con Mercedes, pero su mejor amigo, Fernand, hizo que le apresaran una noche (también estaba enamorado de ella) y le llevasen a la cárcel de una isla desconocida. Y aunque la novela señale que él escapó de allí escondido en el saco donde debía ir un compañero de prisión, un viejo sabio, y que era lanzado al mar desde uno de los torreones por unos guardianes despistados, por el momento no había sido así. Nada de nada.
- Sigo cavando el túnel, Dumas me ha abandonado -gimoteaba.
Y aquí comenzó nuestro interés por Alejandro, Flaubert, Balzac y el comediógrafo Molière, la venganza y la lectura de folletines franceses. Porque claro, ¿quién no va a creer en el autor y en su historia cuando un día aparece negro de hollín el protagonista? Pero en el caso de Alejandro Dumas es un creer vago, porque fuimos nosotros y no Dumas, ni su pluma, ni la muerte de un sabio, ni un saco inventado… No, fuimos nosotros los que ayudamos a ese buen hombre. Con un barreno por aquí y otro por allá le abrimos vía, rompimos muro y escapó de su prisión de piedra.
IHB
-
Cuento, que junto a otros, se lee y comenta en el Comenta-cuentos de Anika Entre Libros (Revista literaria).
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lunes, diciembre 04, 2006
R.F. BURTON
La obra y el poeta
El poeta hindú Tulsi Das, compuso la gesta de Hanuman y de su ejército de monos. Años después, un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo libertaron.


