SLAWOMIR MROZEK
La precaución
No me gusta marcharme el último. Por eso siempre estoy pendiente de cuántos vamos quedando en la barra. Cuando veo que sólo dos, me vuelvo a casa. La tristeza de un bar solitario después de medianoche se la dejo a otro.
Acaba de marcharse el tercer cliente y, aparte de mí, sólo queda ya un gordo.
Entregué un billete al camarero.
-No tengo cambio -me dijo-. ¿No tiene usted para cambiarme? -se dirigió al gordo.
Éste no contestó.
-Está borracho -le dije al camarero.
-Me parece que es algo peor de eso -dijo el camarero observando al gordo-. Creo que está muerto, habrá que llamar a un médico.
Desde entonces me marcho cuando en la barra quedamos tres.
Toda precaución es poca.
Etiquetas: Microcuentos, Mrozek


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